CAPITULO DIECINUEVE Gerrick agarró el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. La mujer sentada a su lado lo empujó contra una maldita pared. Un minuto estaban teniendo el mejor sexo de su vida y al siguiente sus ojos se quedaron en blanco y comenzó a gritar sobre el maldito archidemonio en su cabeza. Ahora, unas horas después, estaban conduciendo por una carretera desierta en el lado este en busca de Santiago. Iba a golpear al macho por darle a su pareja la esperanza de algún alivio. Sintió el dolor y la angustia que Shae experimentó a manos de Kadir y Azazel y supo cuánto deseaba que se detuviera. Todo lo que quería era encontrar a los bastardos y hacerles pagar por lo que habían hecho, no perseguir a Santiago. Miró a Shae, incapaz de perder las líneas de tensión alr

