CAPITULO VEINTIUNO La fuerza de Shae nunca dejó de asombrar a Gerrick. Estaba tan enojado con ella por ponerse en riesgo que se había marchado. No podía quedarse de brazos cruzados y verla morir, incluso si al irse se había sentido como si le hubieran dado un puñetazo en el pecho. Mientras estaba de pie en el porche, luchando por respirar, sintió que el demonio hundía sus garras en su mente. Había despegado y corrido como si Lucifer la hubiera estado persiguiendo para volver a su lado, maldiciendo todo el camino. Cuando la vio retorcerse en el suelo con Jace luchando por mantenerla agarrada, el pánico se apoderó de ella. Había sido el poder del vínculo de pareja lo que le había salvado la vida y había dicho una oración silenciosa de agradecimiento a la Diosa por unirlos. Y ahora, escasos

