CAPITULO VEITISEIS Todo en la habitación pareció detenerse en el segundo en que Rhys escuchó a su compañero guerrero rugir de angustia. Fue Gerrick y la agonía que escuchó en el aullido lo envió de rodillas. Miró a su amigo que sostenía el cuerpo sin vida de su compañera predestinada. El corazón de Rhys se detuvo al ver la escena. Gerrick había perdido a una pareja antes y no merecía sufrir así de nuevo. A Rhys le dolía el corazón por el macho. Una cosa era segura, Gerrick estaba a punto de perder la cabeza y Rhys necesitaba ayudarlo. Tropezando con sus pies, Rhys se agarró a la barandilla para estabilizarse. Al instante, una luz blanca lo rodeó antes de que aparecieran tres figuras familiares a su alrededor. El tumulto a su alrededor continuó, pero nadie reaccionó ante los recién llega

