Luego de shock inicial vinieron las felicitaciones a los jóvenes recién casados, Noah respiraba con dificultad y Silas por su parte estaba muy sereno mostrándole a todos una gran sonrisa, su alfa había estado inquieto todo el día y esperaba con ansias la noche en que pudiera poseer definitivamente al omega, se desconocía así mismo, sabía que se había equivocado el día de la fogata y ahora estaba cumpliendo una orden de su padre que posiblemente lastime a Aytana. Nadie lo terminaba de creer, Sebastián se sentía muy feliz de ver a su mejor amigo al lado del alfa de quien se había enamorado y que las cosas estuvieran saliendo bien, trataba de no mirar a Leo, pero sentía su mirada y olor como si lo tuviera encima, pero todo esto no se trataba de él, se trataba de su mejor amigo, tenía que tratar de hablar con él a solas para poder brindarle apoyo si lo necesitaba. Noah seguía teniendo la sensación de estar flotando, el alfa al que le había estado temiendo todo este tiempo previo al matrimonio había sido Silas, su mente repetía Silas y recordó el barco, Silas y recordó el faro, Silas y recordó el beso, Silas y recordó su primer celo, Silas y se estremeció por dentro, por que junto a él vino a su mente el torbellino rojo que es Aytana. Trató de mostrarse firme, cortés y evitar la mirada de Silas todo lo que podía, mientras el otro se mostraba ansioso por estar cerca, el orgullo de Noah se iba haciendo presente y la rabia también, pero en su corazón había un calorcito que no podía negar, uno que subía a sus mejillas, podía ser firme y mentirle a todo el mundo, pero a sí mismo, contra sí mismo no podía. El pequeño Omega abrazo fuerte a Noah dándole sus felicitaciones y viendo en ese instante su propio sueño hecho realidad siendo el Omega de Mateo, se había pensado muchas veces de su brazo y sin tener que esconderse, no sabía cómo encontrarlo, necesitaba hablar con él. Había recurrido a los más lógicos teléfonos y correo electrónico y el silencio de Mateo era lo único que había conseguido.
Mateo había decidido desaparecer y hasta donde sabía lo había logrado,
Ezra tenía una sonrisa de oreja a oreja, abrazó fuerte a Silas y le palmoteo la espalda.
- Después quiero hablarte - pidió Silas durante el abrazo.
- No hay problema - respondió el alfa al instante.
Noah no salía de la confusión y del estado de shock, si bien estaba enamorado de Silas tenía muchas dudas en su cabeza se le revolvió el estómago y salió corriendo en busca de un baño.
La gente empezó a murmurar, el padre de Noah se puso furioso al ver la escena algunos de los invitados comentaban que podría ya estar preñado, el papá de Noah miró a su madre, que con mirada severa le hizo saber que era una alfa y que sobre todo no estaba dispuesta a ser testigo de escenas.
Los 3 Reyes se juntaron y se tomaron una fotografía, se les veía muy bien a los 3 alfas juntos, se notaba en sus portes cierto garbo que los diferenciaba de la mayoría.
Alice miraba a lo lejos, estaba complacida consigo misma con lo que había conseguido, tenía a Leo y por momentos lo sentía como un trofeo, uno que la ignoraba y le hacía desplantes cada vez que podía, pero eso no lo sabía Sebastián ni Aytana ni nadie, sólo ella, podía con ese secreto, además guardaba la esperanza de que en algún momento él podría amarla.
- Jamás pensé ver junto tan poco amor propio en una sola persona. - le dijo Paul sosteniendo dos copas de champagne y ofreciéndole a ella una, el Omega se quedó a su lado.
- Paul no he venido a discutir ni pelear - respondió ella mostrando su compostura.
- Entonces ¿para que haz venido linda, que es lo que quieres? - preguntó Paul, Leo los miraba de lejos, pero no quiso acercarse, no quería dramas.
- Vine acompañando a mi novio. - Respondió ella lo suficiente alto como para ser oído por los demás.
- Mi hermano no está enamorado de ti - dijo Paúl con una sonrisa.
- Si lo está - respondió ella poniéndose un poco colorada de la rabia, no podía engañarse a sí misma.
- ¿Y por que anda buscando a Sebastián, deberías saberlo no? - insistió Paul, estaba enojado.
- Paul no me molestes no caeré en provocaciones - dijo ella intentando callarlo.
- No linda, mis provocaciones son lo que menos debe importarte - suspiró mirándola con compasión - lo que debe importarte es como tu novio, mira con tanto amor y deseo a otro omega. Quizás esta es una prueba para que aprendas lo que es la dignidad. Suerte querida, lo vas a necesitar.
Paul se alejo caminando cadenciosamente y un par de alfas lo miraban con deseo, Ezra miraba la escena desde lejos y gruñó.
- Princesita, quienes son ellos - preguntó dándole el encuentro, quería que todos sepan que es su Omega.
- Unos alfa con buen gusto - respondió Paul dándole un besito en el cuello, al verlo celoso.
- Si no? - le dijo rabiando celoso.
Sebastián se acercó a ellos emocionado, además no quería quedarse solo, sentía la mirada de Leo pegada a sus espaldas, hacia que los nervios lo traicionaran.
- Paúl - dijo Sebastián - Noah quiere tomarse unas fotos con nosotros, hay que tratar que estar cerca, aun esta nervioso.
- OK ya te sigo - respondió Paul, dándole otro beso a Ezra, mientras Sebastián se alejaba rumbo a la mesa para tomarse las fotos, no lograba encontrar al pequeño omega, le preocupaba sus desapariciones, con las cosas que ya le habían pasado,
-¿Sebastián? - dijo el alfa con una sonrisa radiante.
- ¿Hola? - saludó, no lo reconocía. - ¿Nos conocemos?
- Pues claro que si, Frank, oh por favor tienes que recordarme - le transmitía confianza y un calor que le agradaba.
- Claro que si - se recordó correteando con el junto a Noah - ay que gusto - se saludaron con un beso en la mejilla.
- Si, como son las coincidencias! - le dijo dando algunos pasos a su lado - fui a visitarte en Inglaterra y tu no estabas.
- Es que estoy en la misma escuela de Noah, bueno no se si seguiremos estudiando - contestó - es tan agradable verte.
- Seguramente que si - contestó el alfa - Conozco al novio, es un alfa de buenos sentimientos.
- Si, lo conozco también, no puedo decir que sea un pan de Dios - respondió con toda sinceridad - Oye que gusto verte en verdad.
Espero no sea la última vez que conversemos.
- Espero lo mismo - respondió el alfa.
Frank le dio un beso en la mejilla y Sebastián sonrió, siguió caminando antojado a la mesa de dulces, había visto unos bombones y la pileta de chocolate lo venía seduciendo desde que llegó.
- ¿Quién era ese?- le dijo Leo, su voz era amenazadora, el Omega de Sebastián se asustó, pero había aprendido a controlarse, Noah le había enseñado demasiado, lo miró de pies a cabeza. - Te he hecho una pregunta.
- Yo he escuchado tu pregunta - respondió sin dejar que los nervios lo traicionaron - No tengo ninguna razón para hablar contigo y espero que seas lo suficiente inteligente como para no hacer un espectáculo aquí.
Sebastián empezó a caminar, las fotos se tomarían en el jardín y quería estar lo más rodeado de personas posible, temía que Leo se deje llevar lo jale lo bese y el no tenga ni el valor ni la fuerza de voluntad.
- ¿Qué tanto te sonríe y se te acerca ese idiota? - reclamó, empezó a emanar feromonas de furia mientras seguía a Sebastián, sentía un profundo nudo en la garganta, Ezra a lo lejos lo detectó y observaba atento la situación, sabía que Leo no era muy racional cuando estaba molesto. Estaba atento a Leo por un lado y a Paul y los alfas que seguían mirándolo con insistencia.
- Leo, tu acompañante nos está mirando y me incomoda - le dijo con calma, una calma que irritaba a Leo, lo prefería nervioso, deseándole, sin fuerza de voluntad, pero en ese momento Sebastián había logrado ponerse una coraza que había resultado muy eficiente.
- Mi novia - dijo con toda la intensión de herirlo, quería ver en los ojos de Sebastián si había amor, se sentía estúpido, por que claro que lo había, nadie olvida nada en solo días.
- Linda pareja, espero que seas feliz esta vez si, todos tenemos derecho a anhelar la felicidad, pero no olvides no hacerle daño a nadie mientras la encuentras. - Le dijo con una sonrisa que se le clavó en el corazón. - Si me permites.
-Sebastián, necesitamos... - Leo se había rendido, iba rogarle si era necesario, arrastrarse si debía.
- No necesito nada - Sebastián fue frío, se había propuesto olvidarlo, dentro de sí había algo que le daba fuerza.
- ¿Lindo todo bien? - pregunto Paul, que también había seguido la escena con atención, miró a su hermano como si se tratara de un adefesio y volvió sus ojos hacia Sebastián.
- Si no te preocupes - le dijo Sebastián orgulloso de lo que había hecho, sorprendido de su temple.
- Ven vamos que van a tomar nuestra foto y aquí apesta a arrepentido - respondió mirando de pies a cabeza a su hermano que se quedó inmóvil.
*****
Por otro lado Silas, se había escabullido un momento de sus deberes en el protocolo de la boda para respirar hondo y hablar con quien se había convertido en su mejor consejero, se sientan cerca a la pileta central del jardín mientras veían a los omegas emocionarse con las fotografías.
- ¿Cómo te sientes? - Le preguntó Ezra, mirando a distancia a Paúl que se divertía haciendo posar a Noah de diferentes formas, el objetivo del Omega era relajar a su amigo y de a pocos lo estaba logrando
- Nervioso, ahora Noah es mi Omega y no tengo ni idea de lo que piensa de esto. - respondió Silas.
-Estar casado a los 17, quien lo diría - respondió Ezra con una sonrisa, en realidad no sabía si lo decía por Silas o por lo que había hecho él con su princesita.
- Cuando mi padre me dijo lo que tendría que hacer, me opuse, tu mejor que nadie sabes como estaba, hasta que me dijo él nombre, quedé helado - empezó a desahogarse Silas.
- No pensé que tu padre estuviera de acuerdo con esas costumbres - comentó Ezra - si a mí me hubiera salido con eso, no hubiera obedecido...
- Noah, siempre fue Noah - dijo suspirando.
- Y Aytana? - preguntó Ezra, en realidad también le preocupaba Aytana, le preocupaba su reacción y su furia.
- No puede hacer nada - dijo Silas.
- Yo no estaría tan seguro - dijo Ezra.
- No es mala, lo que pasa es que no la conoces bien - dijo Silas y Ezra casi se cae para atrás. - Ezra gracias por tu consejo, no se si todo salga bien después de esto.
- No pienses en lo que podría salir mal, al final ustedes ya se querían - suspiró - es una forma un poco extraña para empezar las cosas.
-Lo sé, Ezra nos hemos hecho muy amigos desde un inicio, no tengo muy claro porque, pero estoy contento de que así haya sido he ganado un hermano contigo - dijo Silas sincero, mientras su padre miraba a ambos jóvenes alfa tan cercanos, sintió culpa de guardar sus secretos.
- Coronas! - dijo Leo acercándose - ¿Cómo no me dijiste nada?
-No pude, fue todo de improviso mi padre me dijo el mismo día en que me subí al barco - dijo Silas, que había saludado con un fuerte abrazo a Leo, Alice los observaba a algunos metros, durante toda la recepción se había comportado como el perrito faldero de Silas.
El fotógrafo de la prensa se acercó pidiendo una foto y los tres reyes volvieron a posar con una amplia sonrisa, la organizadora había llevado a Noah y los omegas a tomarse una foto todos juntos. Silas y Noah estaban al centro, Noah no lograba verlo a los ojos aún, tenía una terrible contradicción de emociones en su pecho y necesitaba más de un par de horas para tener claro el panorama. Ezra y Paul estaban abrazados al lado de Noah, los ojitos de Paul brillaban con ese brillo claro y transparente de aquel que es feliz y está enamorado. Leónidas se colocó al lado de Sebastián y este último hizo el intento de salir de su lado, fue tomado del brazo con firmeza.
- Quédate aquí - más que una petición era una orden.
- No - dijo Sebastián mientras Leónidas apretaba su agarre.
- Eres mi Omega - dijo casi gruñendo, todo su espíritu sobre protector estaba adueñándose de él.
- Yo no soy nada tuyo así que déjame - Sebastián sacudió el brazo fuerte.
- Muchachos - dijo el pequeño Omega con voz pausada - Aquí no... Entiendo que hay mucho que desean decirse pero aquí no por favor.
Sebastián se quedó quieto y Leónidas se sintió satisfecho de que las cosas sean tal cual él quería. Alice intentó acercarse, pero la mirada casi asesina de Paul le hizo saber que las consecuencias de intentar intervenir en la foto serían nefastas. Alice lo conocía, Paul era muy delicado e inteligente, pero sabía muy bien hacer sentir miserable a aquel que había caído de su gracia.
A los costados estaban el pequeño Omega y Ramsés, uno para cada lado, ambos pensaron en ese instante como hubiera sido ese momento en sus vidas, él casado con Mateo, quedándose juntos hasta el final, una lagrima estuvo a punto de caer por su mejilla y trató de contenerla. Ramsés por su lado pensaba en su futuro, en que había sido. Comprado, en que ahora su vida daría un giro y estaría a merced de quien sabe que alfa.
- Vamos a lanzar el ramo, Noah ven por aquí - dijo la organizadora - todos los omegas solteros por favor colóquense por el lado de allá.
Ramsés y los demás se colocaron en el grupo de omegas para recibir el ramo, Alice había decidido participar, la tradición dice que quien atrape el ramo es el siguiente en casarse, estaba listo el tumulto de personas, Sebastián animó al pequeño Omega en participar y eso hizo tratando de animarse.
Noah lanza el ramo de orquídeas, varios omegas saltan y no logran alcanzarlo, iba directo a Alice, Paúl estiró su brazo y logró desviarlo de las manos de la muchacha, para luego mirarla con burla.
- Primero me muero antes de dejar que entres a mi familia, nunca tendrás mi apellido y serás recordada siempre como un maldito error. - Le dijo, ella abrió los ojos muy grandes, las palabras de Paul eran como brasa ardiente que quemaba en lo más profundo.
Ezra se puso alerta las hormonas de rabia de Paul le habían dado una bofetada y habían puesto denso por completo el ambiente, pensó que en algún momento se lanzaría sobre la muchacha, Paul ya no se comportaba como una princesita frágil.
El ramo siguió en los aires para caer al piso, justo a sus pies, Ramsés se estremeció y lo tomó con cuidado.
- Felicidades - grito la organizadora, vamos a hacerle algunas preguntas para el Omega que pronto seguirá los pasos de esta feliz pareja, al escuchar eso la feliz pareja se miró y tanto Silas como Noah se giraron y empezaron a caminar en direcciones opuestas.
- ¿Cuál es su nombre? - le preguntó y Ramsés soltó una risita nerviosa.
- Soy Ramsés Humbolt - respondió el Omega.
- ¿Tiene pareja? - Ramsés guardo silencio y vino a su mente el cuerpo perfecto de Jonás, suspiró.
- No - contestó nervioso.
- No por mucho - le dijo la organizadora con una gran sonrisa, y Ramsés se repitió la frase mentalmente, recordó que había sido vendido, recordó que después de ese matrimonio, que cuando vuelva a Londres las cosas serían diferentes, el alfa podía tomar posesión sobre él en cualquier momento.
- Todo irá bien - le dijo el pequeño Omega que había ido a su encuentro al notar a Ramsés perdido en sus pensamientos un momento.
- ¿Tu crees? - dudó el Omega que generalmente solía destilar seguridad.
- Estoy seguro... Además aquí el de la mala suerte soy yo - replicó el pequeño omega
- No digas eso - trato de consolarlo Ramsés.
- Tu sabes que si. - empezaron a caminar juntos.
- ¿Y si lo llamas? - preguntó el mayor.
- Es que ya lo hice, además era lo primero que debía hacer, no contesta el móvil, no contesta en su departamento, por momentos pienso que... Cometió una locura y que algo malo le pasó.
-Mira, pequeño, ten mi teléfono, aunque se que la llamada saldrá carísima, pero hazlo.
Le dio su móvil y el pequeño Omega corrió a uno de los corredores tratando de ocultarse. Marcó al numero del móvil de Mateo y su corazón se aceleró, empezó a suplicar al destino por que tome la llamada y esto no ocurrió, en el primer intento lo mandó a la casilla de voz. Suspiró en el fondo se sí sabía que eso iba a pasar y se reclamó a sí mismo por tener tantas esperanzas. Intentó nuevamente. Decidió llamar a su departamento, tenía que decírselo ahora por qué luego no tendía el valor.
-Mateo... - dijo suavemente mientras la voz le salía como por un hilo.
-No, quien habla - era otro alfa ¿Qué hacía otro alfa con Mateo?
- Habla... - dudó en decir su nombre sospechaba que Mateo si sabia que se trataba de él colgaría el teléfono. - Necesito, que me comunique con él.
- Estamos ocupados - respondió el alfa, la voz le era familiar.
-Es... Urgente - la voz no le salía, su miedo y su nerviosismo era grande.
- Bueno para él no lo es - dicho esto se escucho la voz de Mateo completamente ebrio gritando el nombre de su acompañante.
- ¿Qué haces con el? - le preguntó.
- No es tu problema - dijo el otro.
- Debo decirle... - El alfa le corto la llamada, el pequeño Omega tomó el móvil y lo pegó a su pecho -... que espero un cachorro. - Susurró.