Rompí a llorar, yo odiaba llorar, aún odio hacerlo, lo abracé preso de la desesperación, quería que se quede a mi lado y me ame, quería que lo intentáramos quería que entendiera, pero no teníamos suerte, de pronto, la puerta se abrió, mi padre y sus sombras estaban ahí, empecé a sudar frío y me puse delante de Tristan. Todo se convirtió en un caos, las feromonas de ira de mi padre, las feromonas de complacencia de mi hermano, las mías de terror, todo era un condenado caos. - Te di trabajo – empezó a espetar mi padre, dando un par de pasos dentro de la habitación –y te atreves a manchar mi casa, faltándome el respeto de esta manera. - Señor por favor... -Tristán intentó hablarle. - Papá... –intenté acercarme y apaciguarlo. - ¡Cállate Lucas! –Gritó con violencia- tu eres un menor de edad

