Oliver —Sinceramente pienso que esto no traerá nada a la compañía, pero si usted —señalé a mi jefe —Decide que es lo mejor; estará bien. Las personas en el lugar quedaron en silencio y luego uno de mis compañeros comenzó a aplaudir. Lo miré y el levantó sus pulgares en señal de que lo había hecho bien; sonreí. —Felicidades Señor Reece —se levantó Robert de su asiento y me tensé —Estoy de acuerdo con usted. — ¿Seguro? —Si —afirmó. Bajó la mirada a su reloj de mano y elevó la voz, para que todos escucháramos lo siguiente que diría. —Tomémonos un descanso de una hora y volvemos. —Bien —respondimos a coro y salí junto a mis compañeros de la sala. Me dirigí al baño del edificio y entré; estaba sudando por los nervios. Había tenido que dirigir una junta para la inversión de otra compañía

