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2149 Palabras

    El sol ya se había escondido detrás del cerro y faltaban unos pocos minutos para encontrarnos a oscuras así que decidimos separar el fuego con unas brazas. El fuego para manteneros alumbrados y abrigados y las brasas para cocinar los camarones.     Para mi sorpresa, Nacho estaba realmente preparado. Había traído todo lo necesario para cocinar los camarones, hasta una mayonesa casera si se nos antojábamos.     Mientras Isabella conversaba con Nacho, y Chace sacaba fotos a las brasas noté que mis lentes de sol aún se encontraban en mi cabeza.     —Isabella, ¿tienes el estuche de mis lentes? —pregunté alto. Mi prima miró hacia su mochila intentando recordar si las tenía ahí, pero su cabeza me dio la respuesta negando después de unos segundos.     —Quizás se cayeron al traer las cosas

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