Las verdaderas imágenes comenzaron a chocar contra mi cabeza adormecida. —Aquí están —dijo mi prima—. Carolina tengo que hablar contigo, Chace danos un momento. —Su mirada fulminó a Chace. Esa mirada, ahora lo entendía. —Qué estabas haciendo con Chace. —Nada, solo hablábamos. —Hay algo que tienes que saber de él Carolina… —Sí lo sé, Isabella, hablaremos de eso, de hecho estábamos comenzando a hablar de eso cuando nos interrumpiste. —¿Entonces no te ha dicho nada? —Lo hará, tranquila. Pero no habíamos vuelto a la fiesta, en vez de eso mi prima tomó de mi brazo, angustiada, preocupada, impaciente. —¡Carolina! —me gritó—. Tengo que hablar contigo urgente. —¿Estás bien? ¿Dónde está Nacho? —Parecía como si hubiera corrido una maratón.

