XXVI

2219 Palabras

—El choque de su auto no fue un accidente. Alguien estaba detrás de ella. —¿Qué… cómo sabes eso? —lo cuestiono, intentando encontrarle sentido a lo que dice. Alex se queda callado, observándome. Intentando decidir si hablar o no, los nervios se apoderan de mí y despotrico en su contra. —¡Alex, maldición! ¿Por qué? Solo llegas después de meses de desaparecerte y me sueltas algo así, ¿sin explicar nada? —Anna, escúchame —se acerca intentando tomarme entre brazos —¡No me toques! —doy un paso hacia atrás y rompo a llorar—. Siempre —me lamento en voz alta cubriéndome los ojos con una mano—, cada vez que te veo encuentras el modo de arruinarme. —Perdóname —pide con voz rota—, mi intensión nunca ha sido esa. Suelto una risa, que más se asemeja a un jadeo sarcástico. —¡Claro que no! —

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