『 Lucca 』 Le doy un certero golpe en el tabique, lo que es suficiente para romperle la nariz y dejarlo indefenso, sangrando y quejándose en el suelo. —¡Estás loco Piaggio! —Se queja, mientras la sangre le sale a borbotones por la nariz. —No le vuelvas a poner un dedo encima a mi mujer, ¿entendido Maxwell? —ordeno, importándome una mierda su reclamo anterior. —¡Amber no es de tu propiedad! —grita, intentando ponerse de pie y trastabillando en el intento. Doy un paso hacia él, imponente, por lo que se echa para atrás. —Pero será mi esposa. —rebato, limpiándome la mano con un pañuelo— Y no quiero que uses tus malas influencias para ocasionarle problemas en el hospital. —advierto, acercándome a su cara, mientras sigue cubriéndose la nariz. —¡No me amenaces! —me grita, tirándome un

