A Emma la levanto el golpeteo en la puerta
Ella se sentó en la cama con el cabello todo alborotado, y bostezo
-¡Señorita! ¡Señorita!
Había cierta urgencia en la voz que llamaba. Miro hacia su derecha, al reloj que estaba encima de su velador.
Madre mía, apenas eran las 7am. ¡7am! ¿Qué podía querer un ser humano normal a las 7am?
-¡Voy!-grito ella de regreso
Se levanto y abrió la puerta.
-Oh… pero qué barbaridad – soltó la mujer al verla.
-Sophie, no seas alarmista – soltó ella mientras volvía a bostezar. Desde pequeña, Sophie ha sido la encargada de vestirla, bañarla, arreglarla. Bueno, al menos a guiarla en cómo hacerlo. Actualmente ella ya tenía 23 años, no necesita más de su ayuda, al menos no en ese sentido. Le agradaba mucho Sophie, pero por alguna razón la mujer siempre solía estar de nervios, en un pasado esta solía contagiarle aquella paranoia a Emma. Actualmente, se tomaba las cosas con más calma.
-¿Cómo dice eso? ¿acaso no sabe que dia es?
Ella lo pensó, -eh…
-No. No lo diga. No intente adivinar algo que se nota que claramente no sabe. ¿Cómo es que lo ha olvidado?
En su defensa, Emma debía admitir que solía olvidar muchas cosas, era irónico que recordara muy bien siempre escenas de libros, pero que en la vida real siempre tendía a olvidar ciertos detalles, como nombres, direcciones, teléfonos, incluso caras de personas que apenas le habían presentado el dia de ayer. Suponía que estaba más conectada con las vidas y los personajes de sus páginas, que con las de la vida real. ¿Eso era triste, o admirable?
Quien sabe.
Ella amaba lo que hacía. Amaba leer.
-Bueno…
-No invente excusas- dice alzando una mano para que dejara de hablar – mejor arréglese, dentro de unos minutos el joven Drew llegara a la mansión
¿Qué? ¡¿Qué?!
-¡¿Y porque rayos no lo has dicho antes Sophie?!- la joven cierra la puerta sin darle tiempo a responder a la otra, ¿Cómo es que se le había podido olvidar? Hoy llegaba el después de uno de sus tantos largos y eternos viajes de negocio.
« Padre va a matarme » pensó
Se coloco rápidamente uno de los vestidos que siempre tenía separado para ocasiones especiales como esta. Era uno blanco de vuelos sencillos. De hecho, era uno de sus preferidos. Dejo sus cabellos sueltos en esta ocasión, más que nada porque no tenía tiempo ahora de hacer un peinado elaborado. Se coloco los tacones, y salió rápidamente de la habitación.
-Ese vestido es un poco transparente ¿no cree?- le dice Sophie, la cual no se había movido de la puerta -se le nota el brasier
-es n***o – le suelta Emma sin mucho interés – estaré bien. -le aseguro. Emma no era una persona muy voluptuosa, de hecho, en cuestiones de atributos femeninos, no había sido muy retribuida por esa parte superior. Así que no habia problema en que se viera el brasier, además lo que habia debajo solo era piel, ¿Por qué la gente se alarmaba por eso? Ella no lo entendía.
Fue corriendo por los pasillos con la intención de llegar a tiempo.
Ella sabía lo que de seguro estaba murmurando Sophie a sus espaldas “las señoritas no deben correr. Es una falta total de clase” Ella no creía que el problema fuera correr, más bien sabía que el problema radicaba en lo alto de las plataformas.
Cuando llego al salón se dio cuenta de que su sentencia ya había sido dictada. -Oh no…- las puertas ya estaban cerradas. Eso quería decir que el ya había llegado, ya todos debían de encontrarse adentro.
Emma se hundió en su propia miseria sintiéndose avergonzada. Paro en seco y se acomodó el vestido y el cabello hacia atrás. Luego se aclaró la garganta y ordeno al guardia que abriera la puerta.
Este lo hizo, aun con la dignidad que le quedaba se adentró en la sala con paso lento y elegante, al final de esta, se encontraban su padre, y justo al lado de él, aquel muchacho alto de cabellos oscuros y mirada impávida. Sus ojos azules siempre eran un panorama grato de ver. ¿Cómo alguien podía ser bendecido con tanta belleza? Claramente la vida tenia a sus favoritos.
Cuando llego hasta ellos saludo -padre- dijo mientras le daba un beso en la mejilla
-Hija mía, que bueno que has llegado ya- y había un tono acusador en su voz.
-Perdona- le susurro la muchacha en un gesto cómplice.
Para el servicio no era tan raro verla llegar tarde a todas partes, aunque su padre consideraba eso una falta de respeto, y ella estaba de acuerdo con eso, muchas veces aun sin quererlo todo se le solía complicar haciéndosele imposible acudir a tiempo. No era una excusa. Tenía que mejorar eso tarde o temprano.
Varios miembros del personal la miraron con cariño y solo a algunos se les dibujo una media sonrisa en sus rostros. Estaba claro que la situación les divertida. Pues siempre la encontraron como alguien excepcional y diferente, y de algún modo, como alguien satisfactorio para ellos. Desde siempre, todos la habían tratado bien, y mirado con ojos de ternura y cariño reservado.
Luego Emma miro hacia el chico de su derecha, después de todo había estado sintiendo su mirada puesta sobre ella apenas entro en el salón. -Un placer que estés de vuelta, Drew.- su saludo era cordial, en un pasado ella trato de llamarlo hermano. "¿Cómo estas, hermano?" Fue un error. En su momento él le había pedido que por favor no lo llamara así de nuevo, y ella pensó que se debía a que aun eran niños, y el aun podía ser algo infantil, o tímido, creía que con el tiempo se ablandaría y le permitiría hacerlo, a una edad de 17 años Emma volvería a llamarlo así, pero esta vez fue diferente, sus ojos azules por primera vez la habían mirado con odio, quizás fastidio, demostrando algo por fin a ella. Ese fue el mensaje claro para decirle que en definitivo no quería a sus labios pronunciando aquellas palabras, no quería ese título. Al menos sabía que no le agradaba la idea de estar emparentado con alguien como ella. Así que, a pesar de ambos llamar al señor Robert padre, nunca tuvieron una relación fraternal.
El solo le asintió a modo de saludo, cuando se colocó a su lado, el padre de ambos empezó a hablarle al servicio – mi hijo ha venido para quedarse una buena temporada -dijo, no es que nadie le creyera del todo, siempre solía decir eso, y luego le salía algún inesperado viaje de negocio y tan rápido como había llegado este también se iba. -Su ida al exterior ha sido muy beneficiosa, ha logrado un trato ya firmado por 400 millones de dólares
Emma abre mucho los ojos. Eso era bastante impresionante. Se pregunto, ¿Qué haría ella si tuviera esa cantidad de dinero? No es que se quejara, tenía dinero en su cuenta bancaria, más ropa de lo que podía usar, y más alimento del que podía consumir. Pero aun así, lo que más amaba en el mundo de sus posesiones físicas eran sus colecciones de libros. Suponía que si tuviera ese dinero se compraría una gran biblioteca.
Sonrío de solo pensarlo.
-¿mañana difícil?- escucho su pregunta susurrada.
Ella no lo miro, siguió con su vista hacia el frente, justo hacia el lugar donde su padre sigue dando su discurso. -algo así- mintió. No iba a decirle que en realidad no llego a tiempo porque ayer se había quedado leyendo hasta tarde.
-¿Qué tal ha estado padre?- ella escucho atenta a su pregunta
-El doctor lo visita regularmente, no ha vuelto a tener ninguna crisis o decaída.
-¿desde hace cuánto?
-seis meses. Ha estado bien por seis meses, y todos esperamos que lo siga estando
Aun sin mirarlo del todo, ella pudo ver de reojo que le había asentido. Este era el tipo de conversaciones casuales que solían tener, nada de temas profundos, solo comentarios triviales.
-He de decir que te noto demasiado calmada para lo que ha pasado
¿calmada?
Emma lo mira sin comprender y sus ojos mieles se entrecierran al verlo-¿y que ha pasado?
Drew le corresponde a su mirada, ambos sosteniéndosela firmemente y sin vacilar, ambos almas nobles y de carácter fuertes. -al parecer aun no lo sabes...
¿saber? ¿saber qué?
Cuando su padre se les acerca guardan silencio – vengan, hijos míos. Pasemos al comedor.
Y así lo hicieron, en medio de la gran mesa un desayuno elegante se cernía ante ellos.
Se notaba la felicidad del señor Robert en los ojos cuando miraba a su hijo de vuelta, ojos de orgullo, y por sobre todo amor. Mientras este hablaba por teléfono con ciertos socios contándoles las buenas nuevas, los jóvenes podían tener espacio reducidos de charlas.
-¿Has recibido mi regalo de navidad del año pasado?
Emma pincho un tomate cherry con su tenedor – al igual que cada año- le contesto sin mucho interés – no debiste haberte molestado
-No fue una molestia.
-Si pero… era muy costoso ¿no?
Noto como Drew se limpió con una servilleta delicadamente la comisura de sus labios. -el dinero es lo de menos aquí
-lo sé, no es que no lo aprecie, pero vi el collar en la revista de la firma, no necesito un presente tan costoso – Emma siempre se imaginó, o tuvo la leve sospecha de que era el propio padre de Drew quien le obligaba cada año a traerle un presente a ella. Aunque si ella pudiera elegir sus regalos, un buen libro sería suficiente. Y mucho mejor que cualquier joya.
-Acabo de ganar 400 millones de dólares, me puedo permitir un detalle así. – lo dice como si no fuera nada. Como si no fuera algo extraordinario. No todas las personas se marchan y regresan con un trato así. –¿no te ha gustado?
-¿perdona?
-El collar, me refiero - dice - creí que lo cargarías puesto, o algunos de los muchos que te he dado.
-Oh…- ella sintió sus mejillas sonrojarse -no es eso… es solo que…
-¿Qué?- de alguna forma parecía bastante interesado
-Son bastante… llamativos, elegantes… ¿brillantes? No creo que sean para cualquier situación casual como un almuerzo -explico mientras se llevaba su vaso de jugo a la boca solo para dejar de hablar
-Entiendo.- hubo unos minutos de silencio entre ellos dos, y ella realmente pensó que el dejaría de hablar pero…-has crecido desde la última vez que te vi
Ella permaneció en silencio porque no sabía que contestar ante eso
¿crecido? ¿Cuándo habían pasado a hablar sobre sus estaturas?
-¿Cuánto ha pasado ya ?
-Tres años- contesto la chica a su lado, de alguna forma siempre ha llevado la cuenta de las veces que él se marchaba, y luego anotaba cuando regresaba. No tenía idea de porque lo hacía. Solo lo hacía. A pesar de todo lo que decían las revistas de farándula sobre Drew, ella lo admiraba muchísimo, había podido hacerse cargo de la fortuna de su padre, y no solo eso, ha estado aumentándola desde entonces, desde que tomo su puesto en lo alto de la compañía, realmente esperaba algún dia poder hacer a su padre sentirse orgulloso. Estaba tratando de seguir los mismos pasos que él, de hecho, ya pronto se graduaría de la universidad, una carrera en administración de empresa era todo lo que necesitaba. A pesar de sentir que su vocación no era esa, solo quería hacer a su padre feliz, y hacer sentir a su pequeña familia orgullosa.
-Hoy iré a la compañía a firmar unos papeles, ¿te gustaría acompañarme? - esa proposición era inusual, Drew jamás le había propuesto hacer algo donde ambos estuvieran juntos, a decir verdad, el siempre prefería ignorarla y mantenerse lo más alejado posible de ella.
-¿Yo? ¿Ir contigo?