El tiempo se detuvo para Sara y Patrick. Aunque el ritmo no era nada comparado con la manera en la que estaban bailando, ellos seguían concentrados en los suyo. Sara sonreía, porque estaba logrando que Patrick dejara de pensar en sus cosas que le prohibieran pensar y disfrutar todo esto. —Todos nos están mirando —él dice. —¿No me digas que te da vergüenza bailar? lo haces muy bien, así que no deberías cohibirte, deberías hacerlo más seguido. —Él suelta una sonrisa. Cuando la música acaba, los aplausos resuenan en el lugar y las personas se comienzan a dispersar. Patrick se sienta sobre una banca y mira sus manos. —Tenías razón… —En muchas cosas —ella interrumpe— en muchas cosas siempre tengo la razón, soy una persona muy sabia. —Puede ser, sin embargo, digo que tenías razón por

