—¿Kalev? —pregunté al ver que nadie respondía nada. Me acerqué, pero el peso de Kalev me impedía entrar por completo, Deniska le veía con los ojos tan abiertos que parecía que se le saldrían de las cuencas en cualquier momento, mi madre miraba a los dos con mucha atención, mientras David y su novio se miraban confundidos. El novio de mi amigo se aproximó a Deniska para ayudarle a recoger las cosas que había dejado caer, se había levantado para servirse ensalada en la barra de la cocina y ahora el plato yacía estrellado en el suelo, pero hasta que notó a su lado la presencia fue que cayó en cuenta de lo que había sucedido y con pena levantó los trozos de cristal. Podía ver en los ojos de mi amiga que algo se derrumbaba, lo sabía y conocía ese sentimiento pues yo misma lo había vivido;

