—Tercero: Obediencia Proactiva. No me refiero a seguir órdenes, Elena. Me refiero a anticiparlas. No habrá dramas, no habrá negociaciones, no habrá intentos de escape. No habrá escenas como la de hoy en público o en privado. Si pido que sonrías, sonríes. Si pido que bailes, bailas. Si pido que te quedes callada, serás una tumba. Se reclinó de nuevo, su mano derecha golpeando suavemente la mesa, como si estuviera marcando un ritmo de tambor. —Si cumples con estos tres puntos al pie de la letra, tu padre se queda en la Hacienda Solaz. Tendrás un stream de baja resolución en tu teléfono —me señaló con la barbilla que recogiera el móvil que la sirvienta había dejado cuidadosamente junto a mi plato—, activo solo a determinadas horas del día, para que puedas verificar su estado. Tomé el teléf

