El nacimiento

1485 Palabras

—No soy una reina... —jadeo, enterrando la cara en su cuello, buscando su olor a sándalo para no perder el sentido—. Soy una mujer que está pariendo en el suelo de un despacho porque su marido es un obsesivo del control que no me dejó ir a un hospital normal... ¡Te odio, Dante! ¡Te juro que te odio! —Ódiame todo lo que quieras, pero sacaremos a ese niño —responde él, y veo que sus propios ojos están empañados. Me levanta en vilo con una fuerza desesperada—. Te llevo a la habitación. Marco ya debe estar llamando al helicóptero médico. Resiste, mi vida. Por favor, resiste. Mientras me lleva en brazos por el pasillo, el rastro de agua marca nuestro camino. Ya no hay teatro. Ya no hay contratos. Solo queda el dolor, la vida abriéndose paso y el hombre que me robó la libertad convertido en el

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