La dama de compañía

1303 Palabras

+ Me quedé inmóvil, sintiendo el ardor de las lágrimas detrás de mis ojos. La humillación de ser defendida o más bien, reclamada por Dante frente a Martín, mi último vínculo con el mundo real, me había dejado sin aliento. El toque de Dante en mi cintura me pareció ahora una cadena de hierro candente. —Suéltame —siseé, sin mirarlo, mi voz apenas audible sobre el murmullo del salón. Dante retiró la mano, pero la cercanía de su cuerpo era igualmente opresiva. —No me obligues a hacer un espectáculo, Elena —advirtió. Tomé la copa de vino. El cristal frío me ofreció un alivio momentáneo. Lo miré con desprecio. —¿Satisfecho? ¿Mi sumisión es lo suficientemente convincente para tus invitados? Sé que no voy a esperar nada bueno de parte de Dante, pero no puedo evitar enójame por todo lo que h

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