Los primeros días de clases podrían ser aterradores para cualquiera. Claro que, Nick estaba lejos de ser una persona normal. Un genio entre la multitud. Caminó confundido entre los pasillos de la nueva escuela con una cara de absoluta confianza que había copiado de Pinky. Sus padres lo habían dejado en la escuela hacía unos minutos, su madre había insistido en acompañarlo hasta dentro pero si quería tener amigos, no podía revelar que era un niño de casa desde el primer momento. Igual que Victor, se acercó con confianza a la puerta de la prefectura como si alguien que conocía ya lo esperase del otro lado. Vio a un pelinegro sentado jugando con un lápiz y tocó la puerta para sacarlo de su trance. —Soy nuevo — dijo Nick. —Pues muchas felicidades, macho. —Me refiero a que no tengo ni puta

