—Oye preciosa, ¿te gustaría ir a una fiesta? –me señala a un grupo de chicos y chicas que están en otro privado y se ve que la están pasando muy bien. –nos vamos a ir en un rato. Será en la playa. —Sé que no está bien, pero no niego. —No sé, tal vez. –El chico sigue bailando, pero creo que es hora de irnos, así que me despido para ir con mi esposo. —Liam, amor, vamos a nuestra habitación. –El se despeja un poco y asiente. Debe haber estado bebiendo más desde que bajé a bailar. Con esfuerzo lo ayudo a salir y el viento de la noche, hace que el alcohol, le pegue más fuerte y comience a decir incoherencias. —Me gusta este lugar, es bonito. Aunque no lo creas, cuando me lo enseñaste, me gustó mucho. –cuando dice esas palabras, estoy segura que no me las dice a mí. La furia que s

