Nos abrazamos con fuerza, como si nunca quisiéramos soltarnos. Su respiración se entrelaza con la mía, creando una melodía que solo nosotros podemos escuchar. La acerco más a mí, sintiendo el calor de su cuerpo, y sé que no hay otro lugar en el mundo donde prefiera estar. —Nunca más te dejaré ir —prometo, mirándola a los ojos con determinación. Ella sonríe y asiente, sus ojos brillando con lágrimas de felicidad. En ese momento, entiendo que todo lo que he pasado ha valido la pena, porque me ha llevado a este preciso instante, donde finalmente puedo decir que soy verdaderamente feliz. —He esperado mucho por este momento. Eres mi sueño convertido en realidad. –me dice con voz suave y la veo sonreír y sin esperar más, se lanza a mi boca, para tomarla con pasión. La ropa está de más esta

