—Oye, uno es mío. Envidiosa. –hago un puchero y le devuelvo uno. —Está bien. A mi se me antojaba uno y el otro a Angelito, pero está bien, cómelo. –finjo estar un poco triste y él me lo devuelve. —Bueno, si es para Angelito, no se lo puedo negar. —Se agacha para poner su rostro frente a mi escaso vientre y le da una pequeña caricia. —Todo lo que me pida Angelito se lo daré. Si quiere todo mi amor, también lo tendrá. Lo que me dice me sorprende. Creo que no está consciente de que en menos de un año cada quien irá por su lado. Pero no quiero decir nada. Sin embargo, levanta su rostro y me mira a los ojos. —¿Sabes muñequita? Mi padre dirige un gran hospital en Ontario. Es uno de los mejores. Quizás, digo, si no quieres regresar a tu casa tan pronto, puedes ir conmigo y eje

