Cuando tengo que abrirle la puerta, me detengo un momento. Respiro profundo y entonces lo hago. Ella me sonríe, pero veo que su rostro muestra algo de sorpresa. —Te tomaste tu tiempo. ¿Hay algún problema? –Niego rápidamente. —No, solo estaba pensando que ahora todo está en su lugar. –Me da la mano y baja del auto sin soltarme. Caminamos lentamente hacia el elevador. Ella no sabe que por dentro voy pidiendo que algo pase para no tener que dormir juntos. No me siento cómodo. Y como si el cielo o el infierno, no sé, me escuchara, mi teléfono suena. —¿Hola? –volteo a ver la carita de María mientras contesto. –De acuerdo, estaré ahí en veinte minutos. –Cuelgo la llamada y acelero un poco el paso. —¿Ocurrió algo? –me pregunta y yo solo asiento. —Si, llegó una emergencia

