CAPÍTULO 11: LUCES CARMESI

3134 Palabras
Después de caminar un gran tramo, llegaron a un edificio alto y elegante, donde entraban y salían personas todo el tiempo. El bar estaba oculto tras una fachada abandonada en una calle sin nombre. Desde afuera, parecía una ruina olvidada, pero al cruzar la puerta —hecha de madera ennegrecida y hierro viejo— el mundo se transformaba. Techos altos cubiertos de terciopelo oscuro, cortinas pesadas como la noche, y luces carmesí que caían como sangre líquida desde lámparas flotantes. El aire estaba cargado de un perfume embriagador: una mezcla de vino, deseo y algo más… algo metálico. Abigail fue la primera en notar el cambio. Sus sentidos, tan acostumbrados al caos del inframundo, se agitaron al instante. Los latidos del corazón de cada cliente, el roce de pensamientos lujuriosos, la esencia misma de la lujuria... Todo golpeó su mente con una intensidad abrumadora. —¿Qué es este lugar...? —murmuró Han, con la voz más baja de lo normal, sus ojos recorriendo el lugar como si estuviera viendo un sueño. —Un nido —dijo Mingyu desde detrás, su tono era casi reverente, los chicos estaban tan hipnotizados con todo, que simplemente no notaron que quien hablo fue el chico al que habían visto unos minutos antes—. Aquí los vampiros se alimentan... pero no sólo de sangre. Los demás no respondieron. Ya estaban demasiado inmersos. Felix y Seungmin se deslizaron hacia la barra, sus movimientos más lentos, más calculados. Algo en el ambiente les quitaba el control. Seungmin miró a una vampiresa cercana y, por primera vez, su sonrisa de demonio fue completamente genuina… y peligrosa. Changbin cerró los ojos y se apoyó contra una columna, respirando hondo. Lee Know se quedó cerca de Abigail, pero incluso él parecía afectado: sus alas, normalmente ocultas, temblaban apenas bajo su piel. Hyunjin se acercó a Abigail, su voz apenas un susurro. —¿Siempre has olido tan... dulce? Abigail se giró para responder, pero sus palabras murieron en su boca. El hechizo del lugar la estaba alcanzando. El lado infernal en su sangre comenzaba a hervir, a reclamar lo que la lógica negaba. Taehyung apareció a su lado de pronto, con la sonrisa torcida que la conocía demasiado bien. —Tienes que resistir, Abby. Este lugar saca lo que escondes muy dentro. Y tú… tú escondes demasiado. Ella lo fulminó con la mirada, pero su cuerpo ardía. El aire, las luces, las risas entre dientes, todo empujaba hacia la rendición. Vio a Changbin observar a Felix con una intensidad peligrosa. A Lee Know y Seungmin intercambiando una mirada silenciosa, más cercana a una promesa. Incluso Han... estaba demasiado cerca de Hyunjin, como si el simple roce fuera inevitable. —Nos están tentando —gruñó Abigail, clavando las uñas en la palma de su mano. —Y si no hacemos algo —dijo Taehyung, acercándose a su oído— pronto no habrá vuelta atrás. Ella respiró hondo. Sus ojos, mezcla de infierno y muerte, se encendieron con un brillo oscuro. —Entonces que arda todo antes de que yo me rinda. Y con un chasquido de sus dedos, la temperatura del lugar cayó. Las sombras temblaron. Y el hechizo... empezó a romperse. Abigail había roto el hechizo apenas unos segundos… pero en un lugar como ese, eso ya era demasiado. Las luces temblaron con un suspiro colectivo. Las miradas se giraron hacia ellos. Y entonces, como si el lugar respirara enojado, el aire se volvió más denso. —Qué atrevimiento… —dijo una voz suave, sedosa como veneno en copa de cristal. De entre las sombras emergió una figura imposible de ignorar. Alta, de piel pálida que relucía como porcelana bajo las luces rojas, y con un vestido n***o ajustado como una segunda piel. Su cabello largo y plateado caía como un río helado sobre sus hombros. Sus ojos eran un rojo antiguo, uno que hablaba de siglos de hambre y poder. —Usar tu poder aquí, pequeña —dijo, deteniéndose frente a Abigail con una sonrisa afilada—. Está... prohibido. Todos se tensaron. Changbin dio un paso sutil hacia adelante, listo para interponerse. Lee Know extendió ligeramente una mano, intentando envolver a Han y Hyunjin con una barrera discreta de protección. Taehyung dejó de sonreír. Abigail no se movió, pero sus ojos ardieron con la amenaza de Muerte latente. —No usamos poder para atacar —dijo Seungmin con su tono más frío—. Solo para mantenernos lúcidos. La vampiresa los miró con diversión. —¿Lúcidos? Qué aburridos. Este lugar está hecho para perderse. —Y para controlar a los que se pierden, ¿no? —espetó Felix. La vampiresa soltó una risa encantadora, peligrosa. —No me gusta que me desafíen —dijo, ladeando la cabeza—. Pero tampoco me gusta arruinar la noche con drama innecesario. Entonces, su expresión cambió por completo. —¿Tienen reservación? —preguntó con aire ligero, como si todo lo anterior no hubiese ocurrido. El grupo se miró. Nadie respondió. El silencio se volvió incómodo, pesado. Hasta que desde el fondo del grupo, una voz familiar se alzó, tranquila y elegante: —Vienen conmigo. La vampiresa parpadeó, y al reconocer la voz, su rostro se iluminó como un amanecer oscuro. —Mingyu… —dijo, con un tono tan cargado de nostalgia y deseo que hasta el aire pareció detenerse—. Sabía que ese aroma era tuyo. Mingyu se adelantó, su porte impecable y su sonrisa elegante, aunque sus ojos estaban fríos esta vez. —¿Aún guardas mi mesa? —Para ti… siempre —dijo la vampiresa, acercándose y pasando sus dedos por su brazo como una caricia olvidada—. Los acompañaré personalmente. Ella se giró con gracia felina y comenzó a guiarlos a través del bar, abriendo paso entre las multitudes que se apartaban al verlos. —¿Vieja amiga? —susurró Taehyung a Mingyu, mientras caminaban detrás. —Vieja deuda —respondió el vampiro, sin mirar atrás—. Y no estoy seguro de que esté saldada. Abigail, aún con el eco del hechizo resonando en su sangre, no dijo nada. Pero en su interior, una sola certeza crecía: aquella noche no terminaría sin un precio. La mesa estaba ubicada en una plataforma semicircular, con vista privilegiada al corazón del bar. Luces rojizas caían como lluvia espesa desde lámparas flotantes, mientras los sillones oscuros parecían invitar al pecado. Una vez instalados, todos se acomodaron en silencio... excepto Han y Hyunjin, que no paraban de girar la cabeza como si estuvieran en un museo de rarezas. —¿Este lugar tiene una política anti-luz blanca o qué? —murmuró Han, frunciendo el ceño. —Bro, ¿viste ese tipo que bebía algo espeso y rojo...? —Hyunjin se inclinó hacia él, alarmado—. No era vino. Eso no era vino. —¿Y la tipa del vestido n***o? Creo que me guiñó... y luego le creció un colmillo. Antes de que entraran en pánico, Felix palmeó el hombro de Han con una sonrisa encantadora. —Ey, chicos. ¿Nos hacen un favor? ¿Pueden ir a la barra por unas bebidas? Han se quedó en blanco. —¿Qué? —Bebidas —repitió Seungmin—. Sangre para... digo, algo fuerte para todos. Ya sabes, algo que te haga olvidar el año entero. —¿Perdón? ¿Nos estás mandando a buscar tragos? ¿A nosotros? —Han parecía ofendido como si le hubieran pedido limpiar el piso con su camiseta favorita. —Dude, somos idols. —Hyunjin cruzó los brazos con dramatismo—. ¿Esto es parte de algún programa oculto de bromas? —No, es parte del "nosotros necesitamos hablar sin humanos cerca", pero shhh —susurró Taehyung, apenas audible. —¿Qué dijiste? —Nada. Dije que tienen pinta de ser grandes negociadores en la barra —improvisó Taehyung, sonriendo de oreja a oreja. Changbin se inclinó hacia ellos con cara seria. —Vamos, es sólo un par de tragos. Prometo que si algo raro les pasa, les escribimos una canción homenaje. Han suspiró con resignación. —Esto va directo a mi diario: “Capítulo 27: fui enviado a morir en un bar de vampiros mientras mis amigos planeaban algo sospechosamente secreto.” —¡Gracias, reyes! —les gritó Felix mientras los veía marcharse—. ¡Sin veneno, por favor! Ya lejos, con los humanos alejándose entre murmullos y espasmos de paranoia, Abigail giró su mirada afilada hacia Mingyu. —Así que... vampiro —dijo con una sonrisa ladeada—. Bien jugado. Jamás lo habría adivinado. Mingyu no se inmutó. Se recostó contra el respaldo del sillón, elegante como una sombra en terciopelo. —Nunca mentí. Solo... edité la información. —Oh, claro. Omitiste el pequeño detalle de que bebes sangre y probablemente tengas más siglos que este sofá. Felix soltó una risita, pero se calló rápido cuando Abigail lo miró. Lee Know cruzó los brazos, serio. —Los vampiros no se mezclan por diversión. ¿Por qué estás con nosotros, Mingyu? —Porque esta misión ya no es solo tuya, ni tuya —respondió él, mirando a Abigail—. Hay más en juego. Y si no lo ven ahora, lo verán pronto. —¿Y tú qué ganas? —dijo Seungmin, desconfiado. Mingyu clavó sus ojos en los de Abigail, y su tono cambió. —Lo que siempre he querido: que ella viva lo suficiente para cumplir su propósito. Abigail alzó una ceja. —No sabía que tenías aspiraciones tan nobles. —Ni tú que tenías enemigos tan viejos —replicó él—. Créeme, vas a querer tener un monstruo de tu lado cuando se despierten. Abigail guardó silencio. Solo un segundo. Pero sus dedos se cerraron lentamente sobre el borde de la mesa. Y en la pista, la música seguía latiendo como un corazón a punto de romperse. —¿Cuánto se tarda en pedir un par de bebidas? —murmuró Changbin, echando un vistazo hacia la barra. —Quizá uno de ellos fue absorbido por una sombra —comentó Taehyung con una sonrisa ladeada—. O por un fan. Abigail, inquieta, escaneó el bar con la mirada. Su ceño se frunció al detenerse en la pista de baile. —Oh, por el infierno... Todos siguieron su línea de visión. Ahí estaban. Hyunjin, completamente entregado al ritmo, danzaba pegado a una vampiresa de curvas peligrosas y mirada hambrienta. Su camisa estaba medio abierta, y sus manos parecían no saber dónde quedarse. Más allá, Han reía con una copa en la mano mientras un vampiro, alto y elegante, lo tomaba por la cintura como si fueran viejos amantes reencontrados en otra vida. Ambos estaban evidentemente encantados. Y no solo por el lugar. —¿Están bailando? —preguntó Seungmin, entre divertido y exasperado. —¿O siendo seducidos por criaturas inmortales con serios problemas de límites? —añadió Felix, recostado en su asiento. Lee Know apretó la mandíbula. —Ese idiota va a terminar mordido. —Mínimo que lo filmen —bromeó Taehyung. Abigail se puso de pie con movimientos calculados, aunque su ceño fruncido delataba algo más que preocupación. Un pequeño destello de... ¿enojo? —Vamos. —¿“Vamos” a qué? —preguntó Lee Know, también poniéndose de pie. —A evitar que los conviertan en snacks sensuales. Ambos cruzaron la pista como dos cazadores camuflados entre presas. Abigail llegó primero. La vampiresa tenía las manos en el cuello de Hyunjin, y estaba a punto de lamerle el lóbulo cuando una sombra se interpuso. —¿Te importaría? —dijo Abigail con una sonrisa gélida. La vampiresa ladeó la cabeza, molesta... hasta que sus ojos chocaron con los de Abigail. Entonces retrocedió, como si hubiese visto a alguien mucho más antiguo y peligroso. —Estaba jugando —murmuró, antes de desaparecer entre la multitud. Hyunjin parpadeó, desorientado. —¿Abby...? Wow, ¿siempre fuiste así de... guapa? Abigail suspiró, tomó su muñeca y tiró de él como si arrastrara a un cachorro perdido. Mientras tanto, Lee Know se acercó al vampiro que reía con Han, su rostro completamente inexpresivo. —Ya es suficiente. —Pero estamos... hablando de música… y del arte del cuello masculino —dijo Han, sonriente y muy, muy encantado. El vampiro entrecerró los ojos. —No me gusta que me interrumpan. Lee Know dio un paso adelante. Sus ojos brillaron con una luz blanca apenas perceptible. —Y a mí no me gusta repetir. El vampiro no dijo nada más. Solo se desvaneció en la oscuridad, dejándolo con Han tambaleante y con la camisa abierta hasta el ombligo. —¿Tú también estás guapo hoy o siempre fuiste así...? —preguntó Han, antes de tropezar y ser atrapado por Lee Know, quien solo resopló y lo cargó como a un saco de papas. Al volver a la mesa, la escena provocó exactamente lo que Abigail esperaba: burlas. —¡Vaya, qué entrada! —se rió Felix—. ¿Los celos saben a vino o a sangre? —Lo de ustedes fue más intenso que la coreografía de Back Door —añadió Taehyung. —Hyunjin estaba a dos segundos de casarse con la vampiresa —dijo Changbin, fingiendo limpiarse una lágrima—. Fue hermoso. Abigail bufó, soltando a Hyunjin en el sofá con fuerza suave. —Estaba drogado de atmósfera, no enamorado. —¿Segura? —preguntó Seungmin, alzando una ceja—. Porque tú no apartabas la vista de él ni un segundo. Ella lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada. Del otro lado, Lee Know dejó a Han sentado, quien aún tenía esa sonrisa boba pegada al rostro. —Gracias por rescatarme, ángel mío —susurró Han, cayendo hacia un lado... justo encima de él. Lee Know se tensó. Y luego carraspeó. —Alguien dele agua. O una exorcista. Los chicos rieron de nuevo. Pero aunque el hechizo se había aflojado, no había desaparecido. La música seguía palpitando como una advertencia. Y los corazones —humanos y no tanto— comenzaban a latir demasiado cerca del deseo. Ya más tranquilos y sentados de nuevo, Han y Hyunjin comenzaban a recuperar el sentido común, aunque aún parecían algo desorientados. —¿Qué demonios acaba de pasar allá afuera? —murmuró Han, mirando su copa medio vacía—. ¿Era vino o un hechizo? —Fue... muy raro —agregó Hyunjin, mirando a sus amigos—. ¿No les pareció que el ambiente estaba como… cargado? Como si todo se sintiera más intenso de lo normal. —Tal vez tenían algo en el aire acondicionado —dijo Han, frunciendo el ceño—. ¿Eso es legal? Felix se llevó una mano a la boca, ahogando una risa. —Legal... no mucho. Divertido, sí. —No se preocupen, a veces estos lugares usan aromas artificiales para animar la fiesta —intervino Seungmin, en un tono casual pero demasiado medido. Lee Know desvió la mirada, claramente aún molesto. Abigail tampoco decía nada, los ojos fijos en la pista de baile, donde todo seguía vibrando con energía latente. Hyunjin notó el cambio en su expresión y, tras dudar unos segundos, se acercó un poco a ella. —¿Abigail...? —dijo en voz baja—. ¿Podemos bailar? Y hablar, por favor. Ella parpadeó, sorprendida. Lo miró por primera vez desde que volvieron a la mesa. Los demás fingieron no escuchar, aunque claramente lo hacían. Changbin se llevó la copa a los labios para ocultar la sonrisa. Finalmente, Abigail suspiró y se levantó. —Cinco minutos. Hyunjin la siguió hasta la pista. Esta vez la música era más suave, menos hipnótica, aunque aún tenía ese ritmo lento y envolvente que parecía invitar a confesiones. —No quiero pelear —dijo él al poco de empezar a moverse con ella—. Solo... necesito saber si de verdad piensas que todo lo que te dije fue una tontería. Abigail no lo miró. —Estabas borracho, Hyunjin. —Pero no estaba mintiendo. Ella lo miró, esta vez sí, y su mirada lo atravesó. —Después dijiste que solo te interesaba porque era extranjera. “Exótica”, dijiste. Él hizo una mueca. —Lo sé. Fui un idiota. Estaba herido, y quise defenderme. Pero no era verdad. —¿Entonces qué era? —preguntó ella, conteniendo algo que no sabía si era ira... o decepción. —Era miedo. De que me rechazaras por ser... solo yo. Un tipo normal. Un idol que no tiene ni idea de por qué se siente tan fuera de lugar contigo. Como si tú pertenecieras a otro mundo. Ella tragó saliva. Si supieras cuánto aciertas sin saberlo... —Hyunjin, tú y yo somos demasiado distintos. Tú estás aquí pensando que esto es una simple gira creativa con el grupo. Yo... no vine aquí a enamorarme. —¿Pero tú también sientes algo, o no? Silencio. Ella volvió a moverse lentamente, como si evadir la pregunta fuera más fácil que responderla. Desde la mesa, Han los observaba confundido. —¿Están... bien ellos dos? —preguntó, ladeando la cabeza. —¿Define “bien”? —respondió Seungmin, sonriendo sin mostrar los dientes. —Se ven tensos —comentó Han—. Como si discutieran con los ojos. —Sí, sí... seguro están hablando de marketing y distribución digital —dijo Changbin con sarcasmo. —¿Y por qué todos están tan serios últimamente? —añadió Han, genuinamente desconcertado—. Es como si hubiera una guerra secreta de miradas entre ustedes y nosotros y nadie nos dijo nada. —¿Nos perdimos alguna junta importante? —preguntó Hyunjin, de vuelta en la mesa con Abigail justo detrás. —No. Solo... hay temas de adultos que a veces no caben en los vlogs —respondió Taehyung, sonriendo misteriosamente. Han y Hyunjin se miraron. —¿Nos están ocultando algo? —preguntaron casi al mismo tiempo. Los demás intercambiaron miradas. Abigail tomó su copa y la alzó. —Solo una cosa, chicos: en este lugar, no todo es lo que parece. —¿Eso fue una metáfora profunda o una advertencia de salud pública? —preguntó Han, confundido. Abigail sonrió apenas. Pero por dentro, supo que la verdad no podía mantenerse oculta por mucho más tiempo. Las horas pasaron entre silencios tensos, vasos medio vacíos y comentarios lanzados al aire para llenar el espacio entre miradas cruzadas. A pesar del ambiente vibrante del club, algo más pesado flotaba entre ellos. Incluso Han y Hyunjin, normalmente ajenos a todo lo oculto, notaban esa incomodidad extraña que no podían explicar. Fue entonces cuando Mingyu, revisando su teléfono con una expresión seria por primera vez en la noche, levantó la vista. —Mi líder ha llegado —anunció, su tono más solemne de lo habitual.
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