Se acercaba en pocos días mi cumpleaños dieciocho, mis amigos querían hacer algo en la casa y lo prefiero así, para no tener que ir a una discoteca. Si era un ñoño absoluto, jamás cambiaré el ruido de una discoteca a estar en una hamaca escuchando la alaraca de la familia, aspirando el olor a finca, a mi tierra, nací en Estados Unidos, pero mi alma era monteriana. Anoche me acosté tarde hablando con Cadie, desde su llamada a las dos semanas de mi partida, parecíamos novios cibernéticos, sin serlo. La habitación estaba repleta de los detalles enviados de su parte en cada viaje realizado por mi madre o padre. No nos hemos visto en persona, respetábamos eso. Si lo hacemos se desatará todo y luego será muy difícil dejarla ir. Debo pensar en que me faltan tres años, máximo cuatro. Ya hice l

