No puedo creer la historia de Elsa. Ingresamos a la sala después que la abracé al verla, tantos años desaparecida. La veía diferente, lo último fue que me iba a contar lo que en verdad le pasaba, luego vino mi parto. Ella no pudo visitarnos, después mi segundo embarazo y desde ahí perdimos contacto, a ninguna de nosotros nos dieron información. —Parece una novela, ¿verdad? Se acarició su barriga de cuatro meses. Su hijo mayor tiene seis años, la segunda tres y el que viene en camino no sabe aún su sexo. —¿Así de miedo le tienes a tu papá? Sus ojos se llenaron de lágrimas. Los niños fueron invitados a jugar con mis hijos, sobrino y hermana. Dylan se fue a montar caballo con José Luis, el resto de la gente seguía dormida, después de ese sancocho quedaron noqueados más de uno. —Cata mi

