Subo a la limusina que está esperando por Leonardo y sin perder tiempo él le da la dirección al chófer, pero al tener mi cabeza en otro lado no pongo atención si le dio la de mi casa. Mientras viajamos en silencio, observo por la ventana y sin poder evitarlo, una lágrima me traiciona y escapa de mi ojo, alzo mi mano para limpiarla cuando siento como la mano de Leonardo es más rápida que la mía y la limpia, al mismo tiempo gira mi rostro y veo en sus ojos un poco de tristeza, enojo y otra cosa que no soy capaz de descifrar. Leonardo En la limusina no puedo dejar de pensar en todo lo que ha sucedido esta noche. Sigo mirando a Camille y, a través de su reflejo en la ventana, puedo ver que no está bien, que toda esa fortaleza que mostró durante la entrevista se ha esfumado y no puedo evitar

