Lo consideraban una persona chapada a la antigua y superficial. Una persona que no creía en la igualdad de condiciones laborales entre hombres y mujeres. Había algo de verdad en esas cosas. Él era un hombre que disfrutaba de la vida a lo grande y hacía todo con tanta expresividad y confianza como podía. Donde alguien caminaba, él se pavoneaba. Donde otros hablaban, él hacía proclamas. Se consideraba a sí mismo un hombre con un carácter difícil, autoritario, crítico y, por qué no, egocéntrico también. Todo tenía que ser como él decía que fuese porque, por el contrario, no estaría a su altura. De cierta manera, ser como era, lo había ayudado a llegar donde estaba hoy día. Había comenzado desde muy temprana edad a interesarse por la industria automotriz. De hecho, su primer empleo fue e

