Era casi doloroso sentirse tan atraído por alguien y no saber qué hacer. La pequeña brasa que había estado encendida desde que comenzó la noche, se había convertido en un fuego viviente. La tensión era tanta que, incluso, podía ser palpable. Las palabras seguían rebotando dentro de su psiquis y estaba haciendo todo lo posible para controlarse y no cometer un error. Un paso en falso y sería su perdición, pero, entonces, ¿acaso no todo estaba dicho? ¿Qué más pruebas necesitaba para dar ese paso? Sinceramente, no quería que hubiesen malos entendidos, no quería que después de esta noche las cosas cambiasen, aunque sabía, en el fondo, que sería inevitable que no cambiasen. La bellísima y joven mujer que lo miraba, no era cualquier mujer que conoció en algún bar o restaurante. Por amor a Dios,

