María yacía en la bañera, con la cabeza hacia atrás mientras cerraba los ojos. Trató tanto de relajarse como de concentrarse intensamente, buscando un camino de regreso a ese alguien más. Sin embargo, no fue bueno; el recuerdo no era más que eso y ella no podía ser otra persona hoy. No por su cuenta. Trató de dejar que su mente divagara y disfrutara del recuerdo por lo que era, pero sus pensamientos eran insistentes. “Tienes que volver, María. Debes averiguar si siempre es tan estimulante. No es como si no pudieras permitírtelo, ¿verdad?" El baño dejó de ser relajante ahora y sintió ansiedad, como si llegara tarde a algo. "Llegas tarde". María pensó. “Llegas tarde a una cita que aún no has hecho”. María tenía una cabeza vieja sobre sus hombros de veintitrés años, aunque no era inmune a lo

