Entraron al hospital, Jane miró sorprendida a un médico bastante joven el cual se había presentado como el encargado del caso Luthor, ella le explicó lo que sucedido en casa y él asintió antes de llevar a Adam a una sala aparte.
Jane tomó asiento y poco después llegaron los chicos, a acompañarme, tomaron asiento en silencio y juntos se dedicaron a esperar, a la mañana siguiente, Kyle y Karl no soportaron la espera en casa por lo que llevaron a sus hermanitas cargadas y dormidas a esperar en el hospital Jane cargó a una de sus pequeñas y recostó a la otra en su regazo, la mujer acarició el cabello y el rostro de sus hijas, eran dos de las cosas que no le dejaban olvidar de quien eran hijas, las amaba, y ese amor ciego que les tenía también le recordaba la manera en la que estaba enamorada de ese hombre, no podía perdonarlo, pero, tampoco podía arrancar el amor que sentía en su pecho.
Cuando le vio caer, cuando le vio desplomarse... algo en su alma cayó con él también y era lo más extraño del mundo o quizá simplemente lo esperable.
—Familiares de Adam Luthor.
—Nosotros. —Dijeron todos en coro y el doctor sonrió.
—Adam ha contado que tiene muchos hijos —Dijo el médico. — siempre pensé que se los inventaba.
—A mí me pasó lo mismo—Dijo Jane con ironía—¿Está bien?
—Lo estará, solo no hace caso.
—¿Podemos visitarle? —preguntó Karl.
—¿Podemos hablar usted y yo?
—Sí, pueden pasar. —dijo y les indicó el piso y la habitación.
Patrick le quitó a Serena y Drake a Ada, Jane quedó libre para conversar con el médico con respecto al estado de salud de su esposo, el hombre le dio buenas y malas noticias, y aquello le dejó tan confundida como al principio, pero entendí que el médico estaba diciendo lo que Adam quería que ella supiera.
Ingresó a la habitación y el hombre estaba vomitando en una cubeta que uno de sus hijos sostenía mientras los demás le miraban asombrados. Le quitó la cubeta a Drake y tomó un paño para limpiarle los labios, le acercó un vaso con agua y se enjuagó la boca.
—Bien, vamos a salir y dejarle descansar un poco, yo solo botaré esto. —Anuncié y los chicos asintieron. Boté el contenido de la cubeta y la limpié, la puse cerca de la cama y me senté al lado de Adam. —¿quieres que me vaya?
—Sí, tú y ellos. — Le dio un beso sobre los labios. —¡Te estás burlando de mí! —Gritó completamente fuera de sí. — Acabo de vomitar.
—No me burl...
—¡Acabo de vomitar, Jane!
—Sigues siendo mi esposo —Dijo ella y se quedó en silencio.
—¡Quiero que te largues!
Salí de la habitación y todos los chicos estaban afuera.
Serena fue la primera en preguntar.
—Adam ¿tiene un virus?
—Parecido. Está enfermo.
—¿Por qué te echó? —preguntó Ada.
—Cree que siento pena por él —Dijo y la pequeña asintió.
Los chicos insistieron en ir a encararlo, pero les envió a casa, debían desayunar y preparar la casa para su llegada. El médico me dio una lista de alimentos que no debía consumir y también los medicamentos y sus horarios, le esperé afuera y le vi salir con el doctor en silla de ruedas.
—Jane, tanto usted como sus hijos deben recibir terapia.
—Gracias, lo tomaré en cuenta.
Adam se subió al auto en la parte trasera, tomé el asiento del copiloto y el chofer nos condujo hasta la casa, los chicos salieron a recibir a su padre, Adam negó con la cabeza y no dejó que le ayudaran, de la misma manera subió las escaleras hasta el segundo piso en cuanto puso el último pie sobre el segundo piso aparecieron Serena y Ada, la segunda se tiró sobre su padre y le dio un abrazo.
—¡Adam volviste! — Dijo Ada fuertemente agarrada a las piernas de su padre. — ¿Te sientes mejor?
—Sí, gracias. Solo necesito descansar.
—Será lo mejor, —advirtió Serena. — todavía no nos cuentas el final de mamá gallina. —dijo la pequeña y su hermana asintió.
—Bien, entre más rápido llegue a mi habitación más pronto me sentiré mejor y les leeré.
—Bien, solo tú puedes hacer bien como las gallinas. —Dijo Serena quejándose de sus hermanos a quienes le había hecho un examen el cual todos perdieron porque solo sabían hacer como pollitos.
Adam y ellas asintieron.
—Chicas, a jugar—dijo Jane a las espaldas de su esposo.
El hombre volteó y miró a Jane justo detrás, y en cada uno de los escalones a uno de sus hijos en espera de su próxima caída.
—No me voy a caer. —Dijo y caminó hacia su habitación.
Resulta que a los pequeños Luthor no les importaba porque ahora que le veían débil le podían recordar en sus mejores momentos, ellos recordaban aquellos días en los cuales su padre les sostenía la bicicleta, los cargaba y les giraba cuando se caían, contaba cuentos muy malos y chistes peores, ellos estaban dispuestos a sostenerle porque sin importar la fecha, la hora o el clima él estuvo dispuesto a levantarlos y darles un abrazo, incluso con Jane se había comportado como un punto de apoyo, desde que se casaron él estuvo en cada uno de sus baches.
Adam ingresó a la habitación seguido de su esposa y se quitó la ropa mientras caminaba hacia el baño.
—¿Te preparo una tina con agua caliente?
—No, me ducharé.
—Adam, escuchaste al doctor, solo déjame ayudarte.
—¡No! Jane, no quiero, ¡no quiero sentirme así! No ante ustedes.
—Bien, llamaré a tu próxima esposa.
—Solo dúchate conmigo —Pidió entre dientes.
Le miré a los ojos y asentí, era lo más raro que me había pedido, pero si creía que le haría sentir mejor, yo me ducharía con él. Saqué mis prendas y até mi cabello, le acompañé a la ducha y la calibré como siempre le había gustado, y le hice una seña para que se metiera, los dos nos quedamos en silencio bajo el chorro, miré el jabón en gel y lo tomé, puse un poco en mis manos hasta crear un poco de espuma y lo puse sobre sus hombros, Adam se miraba incómodo y tenso por lo que decidí darle un beso en la barbilla, me miró a los ojos mientras seguía enjabonándole el abdomen.
—Date vuelta.
—Te faltan las piernas —Jane asintió y se inclinó un poco para enjabonar las piernas de su esposo, también se aseguró de limpiar sus dedos e hizo una nota mental para cortarle las uñas.
La mujer se volvió a poner en pie y miró de nuevo a su esposo.
—¿La vuelta?
Luego tomó el champú y le pidió que inclinara la cabeza para lavar su cabello y sus orejas, Adam hizo lo que ella pedía y disfrutó sus caricias
—No tienes que seguir.
—Adam, no me iré. No saldré corriendo. —El asintió y se dio vuelta, Jane miró en la espalda de su esposo una cicatriz grande, aproximadamente en el área de la columna, ella pasó la espuma con cuidado por toda su espalda y cuando llegó a su trasero el cual tenía completamente comprimido se lo estripó, Adam dio un pequeño Saltó y ella soltó una carcajada.
—Más de cinco mujeres, ¿Te han visto el trasero y sigues nervioso?
—No eres nada como ellas. —Aseguró y ella sonrió complacida. —Haré el resto solo. —Indicó y Jane salió de la ducha para secarse y prepararle la cama
La joven se puso un albornoz luego de secarse y acomodó la habitación al gusto de Adam, incluso convirtió la habitación en un auténtico congelador para que se sintiera cómodo y acomodó as almohadas en forma de U.
Adam se acostó y Jane le acarició la cabeza y le colocó unas medias.
—Te podaré esas uñas en algún momento.
—Gracias —Dijo y ella rió.
—Adam, ¿dejarás la actitud de niño mimado?
—No. —Respondió y sacó un libro de la mesita de noche.
—Voy a bañarme y luego te haré algo de comer y tomarás las medicinas.
Adam le miró escabullirse en dirección al armario y luego pasar en dirección a la ducha, la mujer que había elegido hasta el final de sus días, era absolutamente la indicada, un increíblemente no imaginaba a Adrián lavándole los pies, o a Regina limpiando su trasero, incluso podía asegurar que la palabra Cáncer colapsaría su cerebro.
—Te hicimos la comida. —Anunció Serena quién ingresó con una bandeja y su hermana acompañándole.
—¡Ah, sí! ¿Cuál es la receta cariño? —Preguntó y le ayudó con el tazón y el jugo de arándanos. Lo puso sobre la mesita y las dos se acostaron al otro lado de la cama.
—Zanahoria, fideos, agua, sopa de paquete y olores. —Adam miró el contenido del tazón soltó una risotada, se podía ver cada ingrediente en el plato, cuatro dientes de ajo enteros, dos ramas de culantro, chile dulce y el polvo de la sopa mal disuelto.
—Lo hicimos en el microondas. ¿No te gusta?
—Sí, se ve riquísimo.
—Ada será chefa como mamá. —Adam volvió a reí.
—¿En serio? cariño.
—Me quedan mejor los postres y creo que mamá no lo hubiera hecho en el micro.
—Pero yo sí, yo no quiero ser chefa. Quiero ser mujer de negocios y pediré a domicilio enormes hamburguesas y pizza.
—Oh... qué hacen aquí —pregunté.
—Me ha preparado la sopa.
—Es lindo ¿Quién les ayudó?
—Yo lo metí todo al microondas.
Jane me acerqué y miré el caldo, comencé a reír sin control casi me ahogo por lo que me tomé el jugo de arándanos y las niñas me miraron extrañadas.
—Ey mamá pruébalo. —Pidió Serena y Jane tomó la cuchara para beber un sorbo.
Agua de ajo salada pensó.
—¿Por qué no le hacemos un caldo caliente o una crema caliente a Adam, eso le hará mejor a su estómago?
—Ustedes vayan, yo lo cuido. —dijo Serena y su madre negó con la cabeza.
Jane sabía que hablaría tanto y tan rápido que el estómago de su padre se enfermaría de nuevo, Adam insistió en dejársela y los dos se quedaron conversando pacíficamente, la pequeña posó su pierna sobre el abdomen de su papá y acomodó su cabeza en la curva del cuello de aquel hombre que leía en voz alta, ella encanta disfrutó de la lectura y de las vibraciones de la voz de su papá, le acarició el cabello mientras él continuaba leyendo tranquilo, a gusto con las caricias de la pequeña niña que le acompañaba.
—Ey, espérate tengo que ir a orinar. —Dijo y se lanzó fuera de la cama. —No leas hasta que vuelva—Adam asintió. —Pero promételo.
—Lo prometo nena, ve a orinar antes de un accidente.
La niña corrió al baño y su padre sonrió divertido, la pequeña fue hasta el baño de su habitación y como de costumbre se distrajo y fue a dar una revisión en la cocina, sacó unas uvas y un par de botellas con agua fría.
La niña volvió a subir y le di a su papá unas uvas, el hombre sonrió y mordió la uva que la pequeña insistía en poner sobre sus labios, Serena sonrió feliz y se volvió a subir sobre la cama y se acostó sobre el pecho de su papá, luego comenzó a acariciarle el cabello lentamente y besó la mejilla de su padre.
Entre suaves caricias y el calor corporal del otro, ambos Luthor se quedaron dormidos, para cuando Jane apareció con la crema de calabaza con pollo.
—Creo que lo comerá más tarde.
—Yo voy a cuidarlo. —Dijo Ada y se subió a la cama con Adam.
Le quitó el libro y se abrazó a su brazo, el hombre abrió sus ojos y les miró a las dos, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos porque tenía todo lo que había deseado, de hecho tenía más y parecía que el destino luchaba por quitarle la dicha.
Jane miró a sus tres consentidos sobre la cama y se sintió tentada a tomarles una foto, buscó la cámara y se sentó a tomar silenciosas tomas de los tres dormilones, cuando se aburrió salió a ver que hacían los que se habían quedado en casa, y se encontró con una muy morena Zola, la amiga de Kyle y él en el sofá, los dos estaban plácidamente durmiendo y en redados.
—Y no se gustan. —Se burló Adrian y Jane asintió.
—Es terrible ser adolescente. —Respondió la joven. —¿Qué quieres cenar?
—Me quieres hacer papas campesinas y carne, pero carne de hombres no esos cosos raros.
—A tus hermanas no les gusta la carne.
—Haz sopa al microondas —Dijo Patrick mientras pasaba al lado de su hermano y su madrastra. —Jane, ¿Adam comió?
—No, se durmió y tus hermanas le cuidan, aplastándole. —Patrick rió y subió en dirección a la habitación de su padre, comprobó que todo estuviese bien y luego fue hacia su habitación
Adam recibió demasiadas visitas, todos sus hijos pasaron a verle, e incluso luego de despertarse Serena y Ada se quedaron a jugar dentro de la habitación de su padre, ambas pequeñas estaban bastante entretenidas observándole y cuidándole.
—¿Cuánto lleva dormido? —preguntó Zack.
—Mucho tiempo. —Respondió Serena.
—¿Le podemos despertar? —preguntó Ada y Zack movió la cabeza hacia los lados, sabía que en cuanto él saliese de la habitación, Serena no resistiría y se subiría a la cama a despertar a su papá.
La niña hizo exacto lo que su hermano pensó que haría, pero de la manera más inusual, comenzó a jugar con los parpados de Adam hasta que se enfocaron en él.
—Serena, ¿qué estás haciendo?
—Quería saber si estabas vivo, te puedes dormir de nuevo. —Dijo y le cubrió los ojos. —Adam, mamá y Ada prepararon sopa para ti.
—Soy afortunado ¿cierto?
—Lo eres, Ada y yo comimos la mitad y te dejamos otro poco. —Dijo y el hombre sonrió.
—Gracias cariño.
—¡Ves que no se enojaría! —Dijo y Ada negó con la cabeza.
—¡Ey, papá!, ¿necesitas algo? —preguntó Zack.
Adam le hizo una seña para que se sentara un rato con él, el chico le puso al día con todo lo que había pasado en su vida y él encantado le escuchó, además de los chismes de sus otros hijos, los menores siempre eran útiles para descifrar la vida de los mayores.
Al final de la noche, Jane tomó su lugar dentro de su cama y le acarició el cabello, Adam le miró a los ojos bastante sorprendido y ella sonrió, Jane le acercó un plato con frutas y mientras su esposo devoraba las uvas confesó:
— No puedo perdonarte y no puedo dejar de amarte...
— Jane...
— No siento lástima por ti. Adam, estoy enamorada de ti , apesar de tus intentos por alejarme siento que no te dañaría solo a ti o a mis hijas, sino, a mí misma.