Mi esposo y yo nos vestimos y fuimos por una copa de vino hablamos sobre el tiempo y fantaseamos con un futuro, uno solo para los dos, cuando los niños tuvieron esposas y las niñas sus casas propias, Adam se reusaba a creer que se enamorarían y peor imaginarlas casada. —Adam, crees que Serena con esa... lo que sea, ¿va a quedarse sola? —Sí, pero no por las razones correctas. Ada seguro se casará a los quince. —los dos reímos. —Es una señora pequeñita. La lastimarán demasiado. —¿Por qué? —Se desmorona fácil, en cambio, Serena es lo opuesto tiene tu energía y fortaleza. Los chicos volvieron con helados y Serena y Ada traían con ellas unas muñecas, su madre les miró divertida mientras corrían para contarles como habían conseguido ver la película que querían, comer palomitas de dos sabore

