La camarera estaba confundida. —Señor, ¿hay algún problema? —preguntó cortésmente, pero la frialdad en el tono de Aaron y la furia en sus ojos fueron suficientes para callarla. Incluso Carolyn se asustó cuando vio lo asustada que estaba la camarera antes de irse rápidamente. —Cariño, ¿cuál es el problema? —ella puso su mano sobre la de él. Aaron se volvió hacia ella y su mirada se suavizó. —No te preocupes. Yo me encargaré de eso. Carolyn no estaba convencida. —Aún puedes decírmelo —insistió ella. Aaron no sabía cómo explicarse sin arruinar la sorpresa, pero ver su mirada perturbada lo estaba empeorando, así que decidió explicarse. Todavía estaba molesto, pero su voz y su mirada eran suaves cuando le habló. —Simplemente no me gusta cuando mis planes se arruinan. ¿Era eso siquiera

