CAPITULO DOCE Rhys cerró los dedos sobre el disco alrededor de su cuello. No se había quitado el collar desde que su madre lo había dejado allí tantos años atrás. Con perfecta claridad, recordó las lágrimas que brotaban de sus ojos cuando ella le dijo que no podía quedarse con ella en el reino de la Diosa, pero que mientras tuviera el medallón, ella siempre estaría con él. Estaba renunciando a la única conexión que tenía con su madre y sentía como si su corazón se estuviera desgarrando de nuevo, como el día en que ella lo había desterrado de su lado. En ese momento, no entendía que la criatura s****l en la que había madurado no tenía lugar en Annwyn y creía que ella ya no lo amaba. Había llegado a comprender muy rápidamente que un Cambions no pertenecía al lugar donde ella vivía. Su nece

