50 Empiezo a sentir toda clase de mariposas revoloteando en mi interior, cosas que me suben y me bajan y que me dicen que quiero estar en una cama, desnuda y con Andrea. Sus besos son demasiado suaves y solo me confirman que son los mejores que he sentido en toda mi vida. En este momento no hay loquero, Laura ni Felipe en mi mente, solo está el pensamiento de lo deliciosa y exquisita que es Andrea. —Bueno, ya —me dice Andrea—, regresemos adentro, voy a buscar a Samuel y me largo de aquí. —¿Sabes qué quisiera? —Dime. —Que ese beso nunca hubiera parado. —Digo lo mismo, Wen, es que nadie besa tan bien como tú. —La que besa bien eres tú, eres la mejor –le muestro mi sonrisa real, la que dice que no estoy inventando. —¿Es que sí ves de lo que nos estamos perdiendo por andar escondid

