11 Me empiezo a sentir mal; no es que me duela nada o tenga mareos de virgen embarazada. Lo que pasa es que la conciencia me comienza a fastidiar. Se supone que me estoy preocupando por mi falsa y calumniosa imagen de zunga, y sin embargo, salgo de una cita con alguien que me encanta para, diez minutos más tarde, llegar a otra cota con alguien que también me encanta y pienso que eso no está muy bien que digamos. Es como si les estuviera apostando a dos contrincantes al mismo tiempo. Sigo caminando por estas calles que se van llenando de gente rumbera con el paso de los minutos, y llego a la conclusión de que todavía no he hecho nada malo y que no tengo por qué sentirme culpable de lo que siento. Total, pueda que mi loquero divino haya demostrado interés por tener algo con una culicagada

