Los dos días pasaron con una lentitud irritante. El doctor había dicho que todo estaba bien, mi cuerpo recibía con éxitos los antibióticos y no había infección. Aunque seguía teniendo un poco de dolor, ya podía moverme con más facilidad. Sin embargo, iba a permanecer en cama por al menos dos semanas, antes de volver a trabajar. No me gustaba, no sólo porque serian dos semanas sin mi jefe perverso, también me gustaba trabajar, estar en constante movimiento, quedarme tantos días en cama a matar de aburrimiento. Había estado preocupada por la cuenta del hospital, tenía mis ahorros y aunque mi madre trabajara aquí, igual iba a salir costoso. Pero me sorprendió cuando me dijo que mi jefe pagó por todo, por más que ella discutió con él, no quiso aceptarle nada, asegurando que era en parte

