Al día siguiente Alondra se dirigió al trabajo, se entretuvo atendiendo a varios clientes y organizando algunas estanterías, lo hacía contenta mientras tarareaba una canción La Alondra, de Deixaas, una composición que fusiona el Flamenco con música árabe, pero solo recordaba algunas líneas y cantar no era su fuerte, pero estaba tan feliz que le provocó cantar, mientras sus compañeros bromeaban tapándose los oídos y burlándose de ella —¡Por Dios mujer! Cantas horrible, a tal punto que estás provocando una contaminación sónica. —Chistosos—le espetó ella—lo que vale no es como cantes sino el ritmo y el corazón que le pones a cada estrofa—explicó segura de sí misma. —Pero es que allí está el detalle—manifestó uno sonriendo— no encuentras el ritmo por ningún lado. Ella los ignoró y siguió ca

