Yulian Un golpe vibrante de alguien cayendo al suelo me hace saltar de la cama. Corro al baño, la toalla se me cae de las caderas al suelo detrás de mí. Golpeo la puerta con los nudillos, llamando a Zara por su nombre. —¡Maldita sea! —la escucho maldecir desde dentro. —¿Qué demonios pasa ahí? —pregunto, preocupado de que se haya lastimado. Sería mi culpa, por supuesto, ya que yo la traje aquí. No puedo imaginarla muriendo en el baño cuando acabamos de sobrevivir un tiroteo con la familia Romano. —Resbalé —dice, y escucho el cerrojo de la puerta girar. Abro la puerta de un tirón, quedándome en el marco y mirándola con enojo mientras ella se sienta a frotarse la espinilla. Deja de frotársela cuando ve que estoy desnudo, y su boca se abre. —Yulian, estás desnudo —dice. —Obviam

