ANDREI El constante golpeteo del agua contra los azulejos llena el amplio baño mientras entro a la ducha. El vapor se eleva a mi alrededor, envolviendo mi cuerpo con su cálido abrazo. Cierro los ojos, dejando que el agua caliente caiga sobre mis músculos tensos, deseando que lave el estrés de los últimos días. Ha sido un torbellino desde que Marlene y yo intercambiamos votos en aquella ceremonia simulada. Nuestra “luna de miel” ha sido un extraño baile de pasión y vacilación, deseo y duda. Cada momento con ella es embriagador, pero no puedo sacudirme la sensación de que estoy jugando con fuego, y soy yo quien tiene más probabilidades de quemarse. Como si mis pensamientos lo hubieran invocado, escucho la puerta del baño abrirse. Mis ojos se abren de golpe, mi cuerpo alerta al instante.

