Cuando Sam vio por la ventana que ya se encontraban frente a la enorme casa de Bruno, el chico entró en un pánico terrible, el pianista salió del auto rodeándolo para abrirle a Sam — Muévete, sal de una vez — Ordena el hombre al muchacho que niega con su cabeza efusivamente — ¡No saldré! — Exclama Sam dispuesto a no moverse de su asiento, sabía que en el instante que entrara a ese lugar la pasaría terrible, así que siendo invadido por el terror, ese era su último intento por impedir la dolorosa suerte que le esperaba, Bruno revolotea los ojos ante la negativa del joven — ¿Es en serio? — Dice resoplando para después reírse un poco — ¡Si, es en serio! no entraré a ese lugar — Asegura el muchacho a Bruno que vuelve a reírse, pero luego cuando su buen humor se termina, en cuestión de segundos

