Lo primero que hago al verlo cruzar por la puerta del campo del colegio es sin dudas, correr hacia donde él y envolver en mis brazos alrededor de su cuello, le escucho reír de forma perezosa al mismo tiempo en el que posa sus manos en mis caderas, a lo lejos escucho claramente la risa de Michael seguido de silbidos. Pero no importa, a este punto ya nada importa, vamos, ya estoy perdidamente enamorada de este chico. —Me extrañaste, ¿eh? —me dice en un murmuro, cerca de mi oreja. Suelto una pequeña risa y escondo mi rostro en el hueco de su cuello. Madre mía, su fragancia debería de ser ilegal, una droga para mí. Huele a jabón y shampoo, con ese perfume que siempre se echa. Recuerdo que los chicos malos de los libros siempre huelen a menta y cigarro, pues el mío huele a shampoo. Si esa no e

