3- Un Alfa fuerte

1069 Palabras
Capítulo 3 Un Alfa fuerte Eira mantuvo los ojos abiertos mientras aquel hombre continuaba bebiendo su sangre. La sensación era punzante, desgarradora… un dolor que se expandía por su cuerpo como fuego ardiente. "Yo… no soporto ni el mínimo dolor…" —pensó con desesperación, aferrándose inútilmente a los brazos firmes del Alfa. “No debo desmayar” —Se dijo a sí misma. Él se detuvo por un instante y la miró con una expresión indescifrable. —Bien, me has sido útil —murmuró en un tono grave, su voz cargada de autoridad. "No puede dolerle tanto… definitivamente no es fuerte." —pensó el Alfa con indiferencia. Eira sintió cómo el mareo la envolvía. Había drenado gran parte de su energía para sanarlo, pero él no tenía idea. —Levántate, no fue gran cosa —ordenó con una autoridad innata. Aún sentía el deseo de seguir probando su sangre, el instinto le exigía más. Sin embargo, sabía que si continuaba, ella no lo resistiría. A pesar de su naturaleza impulsiva, siempre cumplía su palabra, antes pensó en que no importaría si la joven terminaba muerta, pero no la dejaría morir… después de todo, le había salvado la vida. —¿Qué…? —Eira intentó incorporarse, pero sus piernas apenas la sostenían. Las heridas del Alfa estaban casi completamente cerradas. Lo que ella había hecho realmente lo ayudó, aunque él jamás lo admitiría, y de su parte jamás revelaría su secreto. —¿Qué tanto observas? —preguntó con un tono de burla mientras se acercaba. Su torso desnudo seguía expuesto, y la parte baja de su cuerpo seguía apenas cubierta por un trozo de tela vieja. —¿Te gusta lo que ves? —inquirió con una sonrisa arrogante. Eira tragó saliva con dificultad. Su cuerpo se tensó cuando él la sujetó del mentón, obligándola a mirarlo de cerca. El espacio entre ambos se redujo a centímetros. El calor de su aliento acarició su piel. “No sería mala idea, su sangre sabe bien” — Pensó el Alfa. —Solo necesito descansar. —Musitó Eira. Su visión comenzó a nublarse, y poco a poco, sus párpados se cerraron, respiró profundamente y entonces, una chispa de esperanza cruzó su mente y la hicieron despertar de nuevo . "Si es un Alfa y me marcó… entonces esto de la mala suerte hacia los demás acabaría. Pero él… él cargaría con eso el resto de su vida." Su corazón latía con fuerza mientras intentaba convencerse de que tal vez, sin quererlo, ese Alfa había cambiado su destino. —¿Eso fue una marca? —preguntó con un hilo de voz. El lobo la miró con desconcierto, como si lo que acababa de decir fuera una completa estupidez. Jamás había pensado en marcar a una Omega. Nunca había considerado marcar a nadie. —Mira, no creas que por lo que hiciste yo haría algo como eso. Olvídalo —respondió con frialdad. Eira se sostuvo de una silla, sintiendo que la poca energía que le quedaba amenazaba con abandonarla. Sus palabras la pusieron triste. Ni siquiera había pensado en lo que él acababa de hacerle… Su mente seguía atrapada en el temor a lo que Logan planeaba para ella esa noche. "Ni siquiera es mediodía… y todo lo que ya ha ocurrido." El Alfa la observó con curiosidad. Se preguntaba por qué no había hecho ninguna pregunta. —Entiendo… —murmuró ella, sin más. El lobo frunció el ceño de inmediato. Olfateó el aire y un aroma fuerte lo alertó. Alguien se acercaba. Un Alfa. Uno poderoso. Su cuerpo se tensó de inmediato. —¿A quién esperas? —preguntó con frialdad mientras se acercaba y la sujetaba con firmeza de ambos brazos. —A nadie… nadie conoce este lugar… —susurró ella, su rostro palideciendo. El Alfa maldijo con palabras grotescas y crueles. Aún no estaba completamente recuperado. Podría luchar, pero sería un riesgo demasiado alto en su estado. —Si es una trampa, vas a lamentarlo. —Dice amenazante, aunque no la había visto comunicarse con nadie, él es alguien demasiado atento como para dejar pasar algo como eso. —No pueden encontrarte —añadió Eira con nerviosismo. Rápidamente, dios unos pasos erráticos hacia un pequeño cajón y sacó unas hojas secas de laurel. Sabía que, si quien venía era un lobo, esto serviría para ocultarlo temporalmente. —Pon esto debajo de tu lengua. No podrán verte ni saber que estás aquí… pero solo durará cinco minutos. El Alfa la miró con desconfianza. —¿Eres una bruja? —murmuró con recelo. Él tenía el olfato demasiado desarrollado como para no notar la presencia de alguien o su especie o rango, ninguna magia funcionaba con él, o al menos eso le habían dicho… —No. Solo haré que quien sea se vaya —aseguró con firmeza. El lobo dudó por un instante, pero obedeció. Entonces, un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Eira. "Es… Logan." Su piel se erizó de inmediato. ¿Cómo llegó? Sus piernas temblaron sin control cuando escuchó la voz de Logan resonar con fuerza al otro lado de la puerta. —¡Ey, señorita mala suerte! Abre la maldita puerta o destruiré tu estúpido escondite. Eira respiró hondo y se obligó a caminar hasta la entrada. Sus manos temblaban mientras giraba la perilla. Logan la miró con su expresión habitual: arrogante y cruel. —Es extraño verte aquí. —esbozó ella, con la voz apenas firme. Logan echó un vistazo al interior de la cabaña. Frunció el ceño por un momento, su olfato captó un leve rastro, pero no logró ver a nadie. Luego, sacudió la cabeza, descartando la posibilidad de que algún Alfa se acercara a Eira. —Tienes que ir a la mansión de inmediato. Aún quedan preparativos para la noche, eres una invitada especial, así que más te vale no faltar. Porque, vayas a donde vayas, voy a encontrarte. ¿De acuerdo? Eira no respondió. Todo su cuerpo seguía temblando. Sabía perfectamente de lo que Logan era capaz. No tenía reparo en torturar, sin importar si se trataba de un hombre o una mujer. Y esta noche… ella sería su siguiente víctima. Cuando Eira dio unos pasos hacia Logan, el retrocedió, sin decir nada más, se marchó de la cabaña… “Debo ser su peor opción, no se cómo siempre me encuentra.”, pero… Si sigo siendo virgen, no descartará su plan… Pensó.
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