Me ruborizo y siento que se me hace un poco difícil el aceptar que tengo un problema para dormir, al punto en que soy capaz de pedirle al chico que acabo de conocer que duerma conmigo para así sentirme segura. Sin embargo, me explico que es una justificación razonable si lo comparo con la noche anterior, Liam fue capaz de calmarme al punto en que dormí plácidamente; yo únicamente estoy buscando esa misma tranquilidad para tener una buena noche. Lleva su mano derecha hasta la parte superior de mi cabeza y acaricia mi cabello, sumergiendo las yemas de sus dedos en mi cuero cabelludo. —No tengas miedo, hoy tendrás una buena noche —me dice. Acepto que me gusta cuando me habla con tanta tranquilidad, es como si cada entonación de sus palabras se filtrase entre las capas de mi piel, hasta

