Omnisciente.
En el norte de Sobrenatural World, se encontraba ubicado continente sobrenatural Dark. Donde habitaban aquellos que caminaban en la noche y poseían una belleza sobrenatural junto a una dinastía excepcional y poderosa. Los vampiros y los demonios eran conocidos por sus dones y sobrenatural belleza agregando a su misterioso gobernante quien pocas veces era visto resultando así el misterio sobre su apariencia.
La guerra entre las especies continuaba su curso, donde rebeldes miembros del continente Dark asistían buscando llamar la atención de su pacifico, pero estricto señor a que se involucrara en sus propósitos ¿Qué ocurría con aquellos valientes?, ese era una pregunta que pocos miembros se hacían en voz alta por que el, escuchaba todo y arriesgar sus pacificas vidas alejados de la guerra en curso entre las otras especies no era una opción.
En el castillo que se alzaba entre las casas, se escuchaban los pasos de una persona mientras caminaba a través de los largos, pero silenciosos pasillos. Abriendo la puerta el gimnasio Amón Uradel observaba con los brazos cruzados como su mejor amigo golpeaba aquel saco de boxeo.
- ¿No te sientes solo aquí? –Pregunta Amón.
Amón Uradel, era conocido por todo el continente como el Köning, el rey la segunda posición más importante de todo el continente. El hombre de cabellos azabaches y ojos verdes con matices color miel miro por la ventana por breves segundos antes de mirar al pelirrojo frente a él.
Mihail Ivanov, aquel es el nombre del Káiser, más conocido como el emperador del continente. Quitándose los guantes aparto los mechones pelirrojos que caían sobre su húmeda frente, atrapando la toalla que fue lanzada en su dirección por el azabache seco su sudor para después tomar de la botella de agua.
-Aprecio la soledad, después de siglos no me imagino especialmente acompañado –Contesta Mihail.
-Resignarte a la soledad, vaya no espere eso de ti –Dice Amón, su tono había sido monótono y frio.
-No es resignación, simplemente espero a la persona correcta. No tengo prisa por ahora aprecio mi soledad, aunque tú seas un invasor de ella de vez en cuando –Comenta con sarcasmo lo último.
Amón escucho los pasos alejarse, un presentimiento de expectación y espera se albergaba en su pecho sentía, que aquellos días de paz estaban llegando a su fin y puede que no estuviera muy alejado de la realidad.
•• > ••
En el continente este se encontraba la soberanía de los Wolves, licántropos. Quienes se mantenían de manera neutral manteniendo la paz entre los lobos. Luna White, mayormente conocida como la diosa de los lobos era la soberana de aquel continente.
Una que prefería la paz y neutralidad antes que la guerra, ella no deseaba derramar una sola gota de sangre de su pueblo. Aquel que la había aceptado, respetado y protegido desde hace siglos porque nadie tenía derecho a tocarlos. O ella haría arder el mundo en cenizas llevándose consigo la destrucción de la pirámide.
El cielo se encontraba despejado, permitiendo a las estrellas brillar en su máximo esplendor. Situada en una de las tumbonas su cabello platinado se encontraba en un rodete desordenado mientras sus dedos pasaban la página del libro entre sus dedos. Arlen miro a su joven alfa desde la distancia antes de acercarse y situarse en la tumbona a su lado.
- ¿No te sientes sola Luna? –Pregunta la castaña.
Arlen White Moon, conocida por ser la beta de la joven alfa pocas veces vio a su amiga interactuar con otros alejados de su entorno de paz en medio de libros. Ella conocía a la persona delante de ella y sabía que su paciencia era una de sus virtudes, pero, aun así, no podía evitar preocuparse.
Apartando la mirada del libro, Luna dejo el libro sobre la mesa a su lado antes de mirar a su amiga sus profundos ojos azules brillaban y sus pestañas se movieron suavemente, cuando un suspiro cansado salió de sus labios color cereza se recostó mirando el cielo.
-Arlen, no me siento sola. Simplemente aprecio la soledad sabes –Comienza con suavidad –Prefiero pasar milenios en la soledad, pero no buscar a alguien que me acompañe cuando no es mi persona soy una persona paciente y sé que nos encontraremos así que ¿Por qué apresurarme? Dejar que las cosas vayan a su propio ritmo es divertido.
Ambos aquellas noches miraban las estrellas, mientras sus fieles amigos los miraban posados a su lado o pasos detrás de ellos. Porque ellos sabían que el mundo no los merecía, pero, también estaban seguros que detrás de aquella paz existían dos líderes que harían arder el mundo y serian capaz de destruir la pirámide. Ambos eran sus complementos, el tiempo demostraría aquello.