Ante su puerta

4092 Palabras
Dani había pasado una noche terrible, lloró hasta que se quedó dormida. Brad durmió de maravilla, dándole la espalda toda la noche. Muy de temprano, día sábado, salió al trabajo sin decirle media palabra. Dani, recibió una llamada de su móvil, ya que tenía uno, pero no le había dado su número a Anthony por miles de razones, la más obvia que su teléfono sonará ante su novio y se armará una pelea sin fin. Aunque ella sabía que no le convenía, no quería disgustarlo más, menos aún alejarse de él; sabía que eso era lo correcto, pero se aferraba a él, ya algunas veces había intentado separarse de él. Pero al asomar unos pasos lejos de la puerta su corazón se estrangulaba y sin remedio alguno prefería sobrellevar la situación antes de irse lejos de él. La llamada había sido de su amiga, informándole que debía presentarse al servició de banquetes antes de las diez, la recepción sería muy cerca del pueblo al parecer del aniversario de boda de una pareja de recién casados. Dani, trabajaba medio tiempo en un servicio de banquetes para eventos. Al llegar al lugar, Roxanne, la esperaba. Su mejor amiga. Al verla con los ojos hinchados no pudo evadir su disgusto ante lo evidente. —No puedo creerlo. Otra vez. ¿Peleaste con Brad? Se encogió de hombros, soltando un quejido. —¡Ay! Ojalá las cosas fueran fáciles, Roxanne. Pero no puedo alejarme de él, aunque quiera, te lo juro. A toda prisa se ponía un traje blanco. Estaban en el baño del lugar donde repartirían la comida. La residencia estaba muy cerca de donde ella vivía por lo que no caminó mucho. —¿Por qué no? Hay demasiados hombres en este planeta. —Bueno, es que ya sabes, ya llevamos muchos años juntos y en todo él me ha apoyado en especial económicamente y en la universidad, le debo mucho. Roxanne le clavó la vista muy enfadada. —Pues que boba eres, con todo lo que vives, creo que ya se lo pagaste y con creces. Nadie soportaría lo sangrón que es. —Ya, por favor, algún día tendré el valor, me gustaría que cambiara, yo sé que es buena persona, es que últimamente… —Últimamente nada. Te mereces algo mejor, no lo digo por él en sí, sino por el modo en que te trata, ya se te volvió hábito venir así, con los ojos hinchados. Recuerdo muy bien cómo solían ser ustedes dos, pero no sé creo que el amor entre ustedes dejó de ser, parece como si ambos mantuvieran una obligación únicamente. Danielle el amor no funciona así, debes valorarte y comprender que eres alguien preciosa, y si él no lo ve ahora, jamás lo hará. Danielle se encogió de hombros una vez más, le dolía mucho el hecho de imaginar cuanto tiempo había perdido con él. Trabajaron en aquel evento, casi a las doce de medio día, lograron desocuparse. —Debo volver a casa, creo que tengo algunas cosas pendientes en la clase de estadística. —Bien, Dani, yo te cubro con esto. Ve, te llamo en una hora. —De acuerdo. Gracias. Dani a toda velocidad se deshacía de la ropa blanca metiéndola en la mochila. —Oye, Dani, antes de venir acá perdí mis llaves, Richard y yo conversábamos en el parque, recuerdo que un tipo de la casa 412 bien vestido se asomó a la puerta, eran como las siete, tal vez él las vio. ¿Me ayudarías? Dani le sonrió. —Sí, claro. Le preguntaré, creo que eso está muy cerca de donde vivo. Hasta pronto Roxanne, te veo en la universidad… —Hasta pronto. Ambas se abrazaron y Dani emprendió la caminata a casa. Buscó la casa de aquel hombre para preguntarle por las llaves de Roxanne. Iba caminando pensando en Brad, fue así hasta que observó el parque y recordó a Anthony. Su corazón se iluminó de pronto. Asomó la vista hacia un lado y observó la dirección 412. Su estómago se estremecía, lo cual era un signo de advertencia, uno que ella había sentido la noche anterior cuando caminaba buscando la hoja que se le había escapado y había dado a los pies de Anthony. Llamó a la puerta, se acomodó el cabello en una coleta. Al instante la puerta se abrió y se quedó paralizada al ver quien había abierto la puerta. Tuvo que hablar en cuanto Anthony se quedó más tieso que ella. —¡Dios Santo! No tenía idea que usted vivía aquí, lo que pasa es que una compañera mía perdió sus llaves por aquí, creí que nada perdía preguntando, bueno, sabe olvídelo, disculpe la molestia. En su estómago se retorcían miles de mariposas. Quería escapar, se dio la vuelta de inmediato, tenía que huir antes cometer una imprudencia. —Dani, no, no hoy problema. Si no lleva prisa, tal vez quiera pasar un momento. Se volvió a él, tenía que negarse, apenas a noche lo había conocido. —Anthony, se lo agradezco, pero hoy me toca ir al trabajo, pero quizá si no le parece muy atrevido por parte mía, podríamos conversar otro día. Tuvo que mentirle, para ella Anthony significaba una total tentación. —Me parece bien, pero porque no me dice a donde se dirige yo podría llevarla… Pudo notar que había alguien a su lado en cuanto observó que su hombro se movió de modo raro, le recordó a su hermana cuando la pisaba a escondidas cuando decía una estupidez. —¡Dios mío! Perdone, pero no quiero abusar, es mejor que me vaya, gracias Anthony, hasta pronto. Se aplicó ella misma aquella conocida frase: Que digan mejor aquí huyó, que aquí murió. A toda velocidad se alejó mientras su corazón volvía a latir con la misma energía que una vez lo hizo cuando era una niña y volaba su cometa favorita, algo que jamás le había ocurrido con Brad. Todo su ser deseaba volver, comer algo a su lado, y conversar. Pero temía ser muy atrevida además vivía con alguien. Llegó a su habitación, y no pudo controlar su curiosidad. Se prometió a sí misma, no permitir nada más entre ambos si allí, en su bandeja de mensajes recibidos no había ningún mensaje nuevo. Con miedo ingresó a su cuenta y al cargarse los mensajes observó un mensaje nuevo: “Hola Dani, Deseo de corazón que haya tenido una noche agradable, fue un placer inmenso haberla conocido, aun leo ese poema, en verdad creo que tiene talento para eso. Espero hoy podamos vernos. Soy Anthony” Se estremeció de dicha. Reía como mucho hacía que ya no, su corazón latía a mil por hora. Con sus dedos temblorosos escribió: “Hola Anthony, me da mucho gusto saber de usted, gracias por aceptar ese escrito, al parecer es lo único que he hecho bien en mi vida. Disculpe lo de hoy en su casa, no tenía idea. En realidad, agradezco mucho su invitación, creo que me gustaría que conversáramos” Lo envió de prisa, luego se arrepintió. No era justo lo que le hacía a Brad, ella aún lo amaba, aunque fuera duro e injusto con ella. Sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar lo poco que a él le había importado darle la espalda toda la noche. De pronto le apareció un aviso de mensaje. “Hola, no se preocupe, pero me da gusto que haya sido así, no podría haberla visto. ¿No le molesta que llegue a su casa un momento cuando se desocupe?” Respiraba profundamente, observando fijamente la pantalla del ordenador sin pestañear. Estaba por responderle cuando, escuchó a su móvil vibrar con fuerza. Lo tomó en sus manos, luego de sacarlo de su mochila, el mensaje era de Brad: “Tengo varios pendientes en el trabajo y no llegaré hoy” El sentimiento de tristeza la inundó completamente. Con ese sentimiento atorado en el pecho, tuvo el valor para contestarle a Anthony: “Me encantaría, Anthony, pero creo que lo mejor sería conversar en el parque” Al instante respondió: “Allí estaré, a las seis en el parque” Sonrió al ver su mensaje, con emoción se despidió de él. “Sí, me parece. Hasta entonces” Dani, estaba temblando, una mezcla de emociones sin igual en todo su ser; alegría, entusiasmo, nerviosismo y peligro. Su amiga ya no le llamó, Dani pensó que seguramente estaba ya con su novio, Richard. Pasó el tiempo hasta la hora esperada, muy apenada prefirió llegar unos minutos después para que no la notará tan entusiasmada. Iba con la misma ropa, allí en el parque estaba Anthony, con un abrigo oscuro que le llegaba por debajo de la cintura. Se veía muy bien y estaba sentado sobre una de las bancas. Su corazón estaba acelerado al verlo, y Anthony estaba igual de emocionado sin comprender porque su corazón brincaba como nunca antes. —Hola, Dani. Se puso de pie de inmediato al verla. Dani lo observaba fijamente sin comprender porque alguien como él se interesaría en ella, un tipo formal, atractivo, con ese aire de elegancia y buen porte. Seguramente con mil mujeres detrás suyo, mientras que ella no podía dejar el complejo de usar vestido. —Hola Anthony. Se acercó a ella manteniendo una distancia prudente entre ambos. Ambos se observaban el uno al otro embobados. —Gracias por la invitación… —Acudió ella un poco nerviosa. —Gracias por aceptarla… Ambos rieron. —Estaba seguro que no vendría. —Bueno, le confieso que desde hacía ya unos días que quería… Ella misma se reprendió inclinando la vista. —¿Qué ocurre? ¿Segura que todo está bien? Alzó la vista, conteniendo las lágrimas lo más que pudo. Le pareció maravillo su gesto de preocuparse por ella. —Sí, es sólo que no acostumbro a tener que mentir. Anthony yo, yo… Su mirada reflejaba todo aquel pesar que sentía su corazón al tener que confesarle que vivía con alguien, quizá la verdad resultaba ser la mejor opción, aunque él decidiera alejarse. —Bueno, yo vivo con alguien. Anthony sonrió, Ed ya se lo había dicho. —No se preocupe, no veo lo malo que alguien haya decidido enamorarse de alguien como usted, al contrario, es lo más natural y lo más evidente. Agradezco mucho que haya venido. Ella le sonrió animada. —Gracias a usted, Anthony… En cuanto Anthony escuchó el usted, se sintió mayor de lo que realmente era. Deseaba más cercanía con ella, que ella le tuviera más confianza. —Dani, no me molesta en lo absoluto que sigamos conociéndonos, creo que una buena amistad siempre es lo correcto. ¿Qué le parece si nos tratamos de tú? Dani le encantó, deseaba conocerlo más. Por un momento dejó su desdichada historia con aquel hombre que no parecía quererla. —Me parece perfecto. ¿Qué lo llevó a venir a este pueblo? Anthony la vio fijamente deseando decirle la verdad, pero temía asustarla, además ella ya vivía con alguien. —Para serle sincero, salir un poco de la rutina de la ciudad. He trabajado toda mi vida, y me pareció bien tomar mis vacaciones y descansar un poco, el lugar me parece perfecto, digno de la relajación y la paz que rara vez se haya en la vida. Dani le sonrió. —¿Qué hay de usted? — Preguntó Anthony con deseos de saber más de su musa. —Bueno, en realidad no hay nada interesante en mi vida, soy una mujer creyente, voy de vez en cuando a la iglesia, estudio para ser algún día alguien que pueda valerse mejor por sí misma y me encantaría conocer la ciudad, aunque no desearía vivir allí, y trabajo en un servicio de banquetes. Anthony la observaba maravillado. Para él era muy interesante. —¡Vaya! Me parece una mujer muy inteligente. —Sólo un poco. Ambos soltaron una risa. —Y… ¿Qué estudia? —Bueno, me gusta la administración, negocios, y publicidad, así que decidí estudiar eso. Anthony asintió con la cabeza, muy satisfecho con su respuesta, era exactamente a lo que él se dedicaba. —Sabe, ya estoy por graduarme, pero necesito un lugar donde pueda realizar mí, bueno mi tesis y mi pasantía, y todo eso que conlleva el cerrar el pensum. —Bueno, no sé mucho, pero quizá yo podría ayudarla, tengo un amigo que sabe de eso, lo que necesite Dani, hágamelo saber, es un placer poder apoyarla. Ella lo observaba maravillada sin creer lo que oía. —Muchísimas gracias. Lo tomaré en cuenta. —Eso espero, sabes, estoy de vacaciones, pero es raro estar solo todo el tiempo. No quiero que te sientas apenada al buscarme, es más si lo deseas podemos discutirlo en lugar donde haya más personas, estoy complacido en ayudarte. Dani tragó saliva sorprendida a más no poder. Además, le encantó que tuviera más proximidad a ella al expresarse sin el “usted”. —Gracias Anthony… De pronto el aire hacía sonar las hojas silbando con fuerza. —Creo que está por llover, si deseas podemos tomar algo en mi casa… Dani se acomodó el cabello que se le había ido al rostro. Pensaba que de igual manera Brad, no llegaría. ¿Qué tenía de malo beber algo con alguien por una bonita amistad? —Me parece bien. Anthony se sentía muy nervioso, aunque intentara fingirlo. Después de caminar un rato, llegaron a la casa. Dani entró a la hermosa sala de estar después que él abriera la puerta, y para su sorpresa allí estaba una hermosa mujer rubia, muy parecida a esas que salen en los comerciales de perfumes caros. Dani hasta abrió la boca a más no poder. —¡Hola, sorpresa! —Saludó con voz melodiosa. Anthony le clavó la vista a aquella preciosa mujer. —¿Sorpresa? No tengo idea de cómo alguien con tan poco respeto por sí misma puede entrar a la casa de alguien que no la ha llamado. Dani le sorprendieron más las palabras de Anthony. —No, no. Anthony podemos conversar otro día por mí no hay problema. — Intercedió Dani al reconocer que podría ser testigo de una pelea. Anthony sujetó la mano de Dani, la cual se erizó en cuanto él la tocó. —No, Dani, de ningún modo. Esta mujer tiene que entender que no es correcto aparecerse así en mi casa. La preciosa mujer se puso de pie, tenía un hermoso vestido n***o, un collar finísimo plateado, y pendientes largos del mismo tono, zapatos como sólo los que usan las mujeres que son modelos de pasarela. Su piel perfecta y sus ojos grandes de color azul. Dani se sorprendió que, en vez de molestarse, mostró un gesto de estar divertida. Dani siguió inmóvil sujetada por la mano de Anthony. La mujer se paró al lado de Dani, y le mostró un gesto muy particular de desdén, el cual Dani interpretó al instante. Luego le dio una enorme sonrisa a Anthony y salió de la casa sin mencionar una palabra. En cuanto la puerta se cerró, Dani se soltó de la mano de Anthony y comprendió que tal como había pensado ese hombre no era cualquier hombre, era evidente que tenía mucho a su disponibilidad, aunque no lo dijera. Le preocupó mucho el hecho de que ella significara una nueva conquista para él. —Anthony, lo siento y mucho, pero es mejor que me vaya. Anthony buscaba en su mente algún argumento para convencerla, aunque de algo que él no era, no solía ser un tipo tranquilo, menos santo, esa mujer había sido una de sus muchas amantes. —Dani, lamento lo que vio, pero le aseguró que no tengo nada que ver con ella. Cuando Dani supo que no podía sorprenderse más, pasó. Estaba atónita. Sin creer que a él le importara tanto darle explicaciones. Un extraño dándole explicaciones, unas ni que Brad le brindaba. —No, no importa, supongo que ha de ser un hombre ocupado, y no me molesta. Anthony tragó una bocanada de aire. Sabía que lo correcto era ser sincero con ella. No quería que ella se marchara pensando algo que quizá no fuera lo que realmente ocurría. Fue tal su susto que ya no pudo tratarla de tú. —Dani, así como usted fue sincera conmigo, yo debo ser sincero con usted. Dani, no quería escuchar que tenía hijos o que estaba divorciado, aunque fuera lo lógico. —No, fui el tipo de hombre que se porta bien, me refiero a que he salido con toda clase de mujeres, y eso ahora me pasa factura. Esa mujer no es nada mío, pero cargo con mis errores, y no es primera vez que ella hace eso. Usted Dani, es alguien a quien le he tomado mucho cariño y no sé porque, pero no quiero que se enfade o se sienta incómoda conmigo, su presencia me agrada mucho y créame no tengo malas intenciones con usted, de verdad quiero que podamos tener una buena amistad, aunque si desea salir corriendo comprenderé… Dani soltó una risa aliviada. —Agradezco su honestidad, y comprendo, Anthony. Es normal que tenga admiradoras, usted no es un tipo… Anthony apretaba en sus labios una sonrisa, al notar que Dani no lo veía de un modo feo, sino al contrario parecía que le gustaba o al menos se sentía atraída. —Bueno, usted es muy agradable. — Concluyó ella apenada. —Pues, pienso lo mismo de usted. ¿Quiere tomar un café? Ambos sonrieron aliviados. —Me encantaría. Ed los observaba muy satisfecho, la actitud de Anthony ya era otra. Dani echó la vista hacia uno de los estantes con varios libros, y en uno de ellos le llamó la atención “El exilio de Dios”, de Duch Alvarez Lluis. Había muchos libros todos dedicados a la filosofía, laicismo y cosas similares. Se puso de pie sin creer lo que veía en aquel estante. Anthony se asomó con una taza de café, y se quedó paralizado al notar que ella se acercaba al estante, e intentaba tomar uno de esos libros que le habían regalado. Dani sintió la presencia de Anthony y al verlo a una distancia prudente observándola, pegó un brinco. —Lo siento, fue inevitable. —No, descuide. Puede tomar el que desee… Ella sonrió apenada. —Anthony. ¿Usted no cree en Dios? Anthony soltó una risa y se acercó a la pequeña mesa de cristal al centro de la sala de recibimiento, dejó sobre el cristal la taza con café. —Un amigo mío dice que yo soy la línea diagonal. Ella soltó una risa, aún en contra de su voluntad. —¿Una línea diagonal? —Sí, porque estoy a la mitad, no soy creyente, pero tampoco soy ateo. —Eso es raro. —Bueno, tal vez un poco. Ambos reían. —Tiene muchos libros que apoyan la idea del ateísmo. —Sabe, es cómico, ser ateo también es una creencia de libre pensamiento, donde la deidad no existe, sólo causa y efecto lo cual se acerca más al empirismo, a mi punto de vista es creer en no creer en Dios. Dani, no podía parar de reír. —Creo que tiene razón, siempre he pensado lo mismo. —Supongo que usted creyente… —Sí, con todo el corazón, la mente y el alma. Anthony tomó la taza de café y la pasó a sus manos. —Lo dice con una convicción que contagia, respeto la visión de todos y sus creencias, pero… ¿Por qué usted cree? Ella se la recibió y al tocar sus dedos sintió aquella magia que las princesas relataban en los cuentos de hadas. —Soy una mujer que no se conforma con sólo causa y efecto, la deidad es un concepto un poco alejando a nuestro entendimiento, creo por fe Anthony. Si el viento es invisible y existe, porque no creer en que alguien mayor en inteligencia y sabiduría es dueño de lo existente e inentendible. Me inclino a creer porque todo se apoya en la ley divina, creo que los grandes científicos sólo han logrado apreciar un porcentaje muy bajo de todo lo que conlleva a la verdadera ciencia, para mí la ciencia es el lenguaje de Dios y de su creación. Anthony la observaba, sin creer lo que escuchaba, pero peor aún el efecto que habían causado aquellas palabras en su mente. —¡Vaya! Interesante. Ella reía, nunca había podido hablar de sus convicciones con un hombre que estuviera interesado en eso. —Gracias por el café— Agradeció en cuanto lo probó. Anthony no podía dejar de verla. Le parecía una mujer absolutamente diferente a lo que él estaba acostumbrado a conocer. La belleza y la inteligencia para él no era compatible, pero siempre hay algo que pone a prueba cualquier idea. —Un placer. Ambos se observaban queriendo como aquella primera vez que hablaron, decirse más. Anthony recordó que ella no tenía teléfono móvil, metió las manos a sus bolsillos y tomó su móvil. Ese era uno que acababa de comprar solamente para comprobar que tan buena era la cámara y toda esa publicidad con la que lo habían lanzado al mercado. El otro lo tenía en la habitación, donde por lo general le servía para comunicarse con aquel mundo del cual él tenía el trono. —Dani, le parecerá muy atrevido de parte mía, pero me gustaría que siguiéramos ya sabe charlando y es más fácil saber de usted por llamadas y mensajes. Quiero darle esto. Dani abrió los ojos a más no poder, asustada. —Bueno, lo compré hace unos días, ya no lo uso y creo que será mejor así en sus manos. Dani no sabía que decir, uno de esos teléfonos que aparecen en los anuncios en la televisión, un modelo muy reciente. —¡Dios Santo! Anthony… Él la interrumpió. —Por favor no se asuste. No le estoy pidiendo nada a cambio, sólo me nace dárselo. Además, véalo como algo necesario para cerrar sus cursos en la universidad, tarde o temprano necesitará uno y en especial para comunicarse con quien la apoye en la fase final de sus estudios. Recíbalo como una herramienta que será necesaria en lo que hará. Muy apenada tuvo que aceptarlo, con tales argumentos se sentía peor al no recibírselo. —No sé qué decir… —Gracias— Acudió él con una sonrisa. Ella soltó una carcajada. —Gracias. Anthony se enamoró de esa sonrisa en sus labios. Y a ella le fascinó que él la hiciera sonreír. —¿No hay algo aquí que le vaya a servir después? No lo sé un contacto, o un documento o algo así. Anthony lo negó con la cabeza. —No. Es que no lo uso. Así que espero que le guste, si no le gusta el modelo o el color, me lo puede decir y podemos… —¡No! Es lindo, creo que está perfecto. Ambos soltaron una sonrisa. Dani observó en la ventana que la lluvia había cesado. Se bebió todo el café de un trago, estaba delicioso. —Gracias por todo. Tengo que irme. Se puso de pie sintiendo un nudo en la garganta. No quería dejarlo solo, algo en su alma la impulsaba a acompañarlo, él tenía ese mismo sentimiento en la mirada, el mismo de ella, solos, aunque acompañados aparentemente; un gesto que solamente otro solitario puede comprender. Por un momento se sintió entendida por alguien, aunque no pensara como ella. —Las gracias se las doy yo. Espero que tenga una noche buena y un sueño reparador. Anthony observaba que la mirada de Dani era transparente, sabía que ella muy al fondo deseaba lo mismo que él, no separarse. —Espero que usted, también. Ambos se quedaron viendo el uno al otro, hablando con ese lenguaje raro que solo los enamorados traducen al verse. Sus rostros se acercaban uno al otro como atraídos inevitablemente, al estar tan cerca, Anthony la besó en la mejilla. Dani volvió en sí, y con una sonrisa se alejó. Anthony sujetó la puerta en cuanto salió. —¡Feliz noche! — Se despidió Dani. —Dulces sueños, Dani. Dani se colocó la capa a la cabeza de la sudadera y a grandes pasos se alejó. Mientras Anthony estaba fascinado, sabía que esperaría lo necesario para escuchar su voz. La llamaría, aunque ella ya nunca le volviera a hablar por ser un acosador.
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