Capítulo siete Vivir con los hermanos Lewis era genial. En su divertida compañía podía fingir que su vida era normal, que su hermana no se estaba muriendo, que su familia no era disfuncional y que no tenía el síndrome de Tourette. Como todos los hombres comían regularmente, ella también lo hacía y se sentía mucho mejor por ello. El sexo habitual también era increíble; había olvidado lo bueno que era ser llevada al orgasmo casi a diario por un hombre cariñoso y atento. Y después, también dormía bien, agotada por el sexo con Clay, sintiéndose tan segura mientras él la abrazaba durante toda la noche. Los tres hermanos le daban palmadas en el trasero de vez en cuando, a veces en broma, a veces en serio, recordándole siempre que la querían y la cuidaban. La única mancha en su felicidad era An

