Annie estaba metida en la cama cuando Bianca llegó a casa esa noche; ni siquiera tenía fuerzas para levantarse. Se le llenaron los ojos de lágrimas cuando Bianca le habló de Rose y del destino que probablemente le esperaba. "Podrás salvarla, Bee", le aseguró Annie. "Si alguien puede ayudar a ese caballo a curarse, eres tú". "Pero eso significa que tendré que pasar menos tiempo contigo", susurró Bianca, abrumada por la culpa. Annie se limitó a sonreír débilmente. "Siempre estoy contigo", susurró. "Cada momento de cada día, estoy a tu lado, justo ahí, en tu corazón". La fuerza en la mano de Annie desmentía su fragilidad, pero el dolor se vislumbraba en sus ojos cuando sonreía. "¿Estás cómoda?" preguntó Bianca, sabiendo perfectamente que no lo estaba, pero sin saber cómo ayudarla. Si pudi

