—¿Un regalo? ¿Para mí? Shirley se detuvo y miró a Kole con interés. Se sintió increíblemente afortunada de que Kole le hiciera un regalo. Las cosas que Kole vendía no tenían precio o eran únicas. Sería un buen negocio para Shirley. Sin embargo, Kole no le dio a Shirley algo que había vendido, sino algo que llevaba consigo. —Niña, toma esta seda. Un día, te dará una guía importante. Las manos de Kole eran viejas como un árbol marchito. Sacó una seda meticulosamente confeccionada y se la entregó lentamente a Shirley. —Esta seda... Cuando Shirley vio el dibujo en la seda, se quedó de piedra. Vio que la seda tenía el dibujo de un fénix y una flor paramita. Era parecido al estampado de la manta de bebé que le había dejado su abuela. Era probable que las hubiera hecho la misma persona.

