*Nelson*
Nunca pensé que odiaria tanto un lunes por la mañana, pero desde que la alarma sonó, sentí que no seria un buen día.
Abro los ojos muy despacio para acostumbrarme a la luz del sol que se filtra por las ventanas.
Olvidé cerrar las malditas cortinas.
Erika se encuentra profundamente dormida a mi lado, al parecer la alarma no la ha despertado. Esta completamente desnuda, las sabanas blancas solo la cubren de la cintura para abajo, dejando una excelente visión de sus pechos.
Después de todo, si fueron una buena inversión.
Es muy hermosa, pero me siento de lo peor al recordar lo que pasó anoche. La tomé como un salvaje, sacando toda la furia acumulada del día, sacando mi rabia por ver a Sky besando a mi hermano. Fuí duro con Erika, aunque nunca la había tratado de ese modo, pero la rabia que tenia me estaba nublando el jucio.
Me siento un completo idiota por follarme a mi esposa pensando en otra mujer. Mientras tocaba su piel con perfecto bronceado, pensaba en la nivea piel de Sky, tan blanca y suave que parece porcelana. Sus labios rosados, sus ojos azules y su dorado cabello se han metido en lo mas profundo de mi ser, que ahora solo puedo pensar en ella.
Me hierve la sangre pensar en mi hermano tocandola, besando sus labios, no puedo soportarlo, ya me costaba mucho imaginarla en los brazos del Mocoso, como para ahora competir con mi hermano.
Debería superarla, después de todo es una niña; siempre hará cosas como esta. Muy a pesar de que su espiritu libre y rebelde fue lo que mas me atrajo de ella.
Maldita rubia con cara de Ángel.
Despejo mi mente con una ducha fria y un desayuno rapido. Escucho los tacones de Erika bajando las escaleras, lo que me hace pensar que ya está lista para irse.
-Buenos días, amor mio - saluda muy contenta con un beso en mis labios.
-Hice el desayuno - comento ignorando su saludo.
-Uuyy pero alguien se levantó con el pie izquierdo hoy - ruedo los ojos - Yo estoy de excelente humor - me guiña el ojo.
Seria increible que no lo estuviera después de la cogida de anoche. Yo por otro lado, tengo un humor de perro.
-Me voy a la oficina. ¿Quieres que te lleve a algún lado? - pregunto tomando las llaves.
Se queda pensando unos momentos.
-No, iré de compras con Lupita. Llevaré mi auto - dice comiendo un tazón de fruta.
Claro, ese Porshe color rosa brillante que aparece sacado de las fantasías de Barbie. No se como le puede gustar algo tan llamativo y doloroso a la vista.
No digo mas nada, solo asiento y salgo de la casa, sorprendiendome un poco por no encontrar a Sky saliendo en esa endemoniada moto suya como lo hacia todas las mañanas. Por una parte lo agradezco, aun no quiero verla, no por ahora y menos conduciendo esa moto que hace que sienta el corazón en la boca cada que la veo. Se ve muy sexy conduciendola, pero eso no le quita lo peligroso, aparte que la conduce como desquiciada.
Se me hace una sonrisa involuntaria al pensar en ella, la cual borro rápidamente para encender mi auto en dirección a la oficina.
******
¿Donde demonios se metió Jess?
Sus cosas están en su escritorio, pero mi incompetente secretaria no se encuentra allí. Justo cuando tengo mal humor y necesito un café.
Entro a mi oficina de forma rústica, casi aventando la puerta, pero la imagen que me espera dentro me deja estático. Sky se encuentra sentada en mi escritorio, dandome la espalda, con la mirada perdida en el ventanal que da vista a la ciudad. La luz de la mañana de la un brillo especial a su piel perlada, esa larga cabellera rubia que tanto me enloquece la tiene suelta callendo como cascada en su espalda. Tengo una vista privilegiada de sus sensuales curvas posadas en mi escritorio, causandome envidia el afortunado mueble de madera.
-¿Te vas a quedar viéndome o vas a pasar? - susurra sin mirarme.
Carraspeo incómodo, no quiero demostrar lo que esa simple voz melodiosa causa en mi. Lucho con todo el autocontrol que poseo para no tener una erección ahora mismo.
-¿Como entraste aqui? - murmuro serio.
Tengo que recordarme a mi mismo que estoy furioso con ella.
-Solo me costó un Starbucks y un par de donas deshacerme de Jess. - voltea a mirarme sonriente.
1,2,3,4... piensa en otra cosa. No en lo hermosa que se ve con esa falda negra y blusa de botones que son muy fáciles de quitar.
-Es una incompetente - espeto molesto.
Si, piensa en Jess y en lo inútil que es.
No me acerco a ella, no puedo, estoy anclado al piso. Estoy seguro que el olor a fresas que se encuentra en el ambiente es causa de alguna loción corporal que usa y es un punto a su favor que podría darle la victoria en este juego.
-¿Y que haces aqui? - pregunto fingiendo indiferencia.
-Quiero hablar - espeta firme.
-No creo que tengamos algo de que hablar.
Le molesta mi respuesta, lo veo en su expresión, siempre arruga la nariz cuando esta molesta y su cara se torna roja, pero no sus mejillas como cuando se ruboriza, es mas bien toda su cara como conteniendo las ganas de gritarme. Se ve jodidamente tierna.
-Sky, creo que deberías estar en tu área de trabajo. Yo tengo mucho que hacer...
-No mientas. - me interrumpe. - Se perfectamente que no tienes nada que hacer hasta las diez.
Gruño.
-Bien, entonces habla rápido.
Aprovecho que se levanta de mi escritorio para tomar mi asiento. Es un lugar seguro mientras ella se encuentre del otro lado.
-Lo que viste en la playa... - levanto la mano para interrumpirla.
-No me des explicaciones. Guardalas para el Niñato de tu novio. - me es imposible no decir esas palabras con odio.
Frunce el ceño.
-Entonces ¿¡Esto es todo!? - escupe furiosa - Todo lo que hiciste para llevarme a la cama, ¿para luego ignorarme por completo?
La miro ofendido por sus palabras, pero no me deja decir nada.
-Solo me usaste - sus ojos se cristalizan.
No,no,no. No llores, no por mi.
Voy hacia ella en un intento desesperado por tranquilizarla.
-No, hermosa. No digas eso... No me atrevería a hacer algo asi - susurro tomándola de los hombros.
No me mira, su nariz esta roja y sus ojos llorosos, se que está luchando para no soltar el llanto. No está triste, esta furiosa.
-Si no me quieres ver mas, solo dilo - masculla - Pero sabrás que con esas palabras tendrás que aceptar mi carta de renuncia.
-¡No! - sentencio.
Me mira a los ojos, puedo sentir la furia emanar de su mirada.
-Eres libre de estar con quien quieras, Sky. Si quieres estar con Julian no tienes que renunci...
No logro terminar cuando su mano impacta contra mi mejilla. Me ha abofeteado. No duele mucho, sus manos son muy pequeñas, pero me cuesta procesarlo.
-No puedo creer que seas tan imbécil - escupe. - ¡Fue una fiesta! ¡Estaba ebria! Tanto que si no fuera por el puto video, no recordaría nada. - grita histérica.
La beso. La beso porque no puedo estar ni un minuto mas sin probar sus labios. Quiero borrar cualquier huella que haya dejado mi hermano o cualquier otro en ella. Al principio no me corresponde debido a la sorpresa, pero en cuanto muerdo su labio inferior, deja el paso libre a mi lengua y me sigue el beso con pasión. Sus manos van directo a mi cuello, así que aprovecho para tomarla y hacer que se enreden sus piernas en mi cadera.
Camino con ella hasta posarla en mi escritorio. Una de mis manos juguetea con sus senos, bajo los besos hasta su cuello mientras que la otra mano se abre paso bajo su falda. Un jadeo casi inaudible abandona sus labios cuando tomo uno de sus pezones con mis dientes. Hago a un lado sus bragas para tocar ese punto lleno de nervios que la hacen vibrar y gemir mas fuerte. Callo sus gemidos con un beso cuando dos de mis dedos se cuelan en su interior completamente húmedo para mi.
-Por favor... - suplica en mis labios.
Detengo mis dedos cuando siento que va a correrse y una queja sale de su boca.
-Aun no, pequeña. - susurro con voz ronca.
La beso de nuevo para bajarla del escritorio y girarla, quedando su sensual trasero a la altura de mi bragueta y su pecho sobre la madera. Sus delicadas bragas de encaje se hacen añicos cuando se las arranco a lo salvaje, haciendo que se sobresalte. Mis dedos continúan su tortura para darle tiempo de pensar en sus bragas destrozadas, mientras que bajo un poco mi pantalón, lo suficiente para sacar mi m*****o y embestirla de una sola estocada.
-¡Oh, Dios! - gime con fuerza.
No intento callarla, sus gemidos es música para mis oídos.
Azoto sus nalgas sin parar de embestirla, hasta darle un sabroso color rojizo. Ambos estamos al borde del abismo, el climax se acerca y amenaza con ser abrasador. Explotamos juntos jadeando nuestros nombres, con la respiración agitada y gotas de sudor en la cara.
Esta chica es mi perdición. Tiene el poder de hacerme llegar al cielo o caer al infierno si ella quiere.