A la mañana siguiente ninguno de los dos se quería levantar, ambos hablaron de todo un poco, acostados, acariciándose y dándose besos ocasionales. Bruno sentía algo extraño dentro de sí que no le encontraba explicación, tampoco se lo diría a ella. —Vamos a casa. —Sí, no podemos seguir evitándolo. Bruno se levanta y revisa su celular, ve las llamadas perdidas que le hizo su padre, estaba vestido porque la noche anterior ambos no se quitaron la ropa, se vio al espejo y se ve bien jodido. Ella lo abraza por detrás, al sentir su calor, sonríe viéndola a través del reflejo del espejo. —¿En qué meditas? —Es que me veo como si hubiera tenido una noche loca, como las de antes. —Bruno, deja de meditar en eso. —Tranquila, eso ya no pasará, no sé qué vayan a pensar mis padres cuando nos v

