Elizabeth mantenía una excelente relación, con Fiona la madre de Germán. Todos los sábados por la tarde debía cumplir su trabajo, cómo dama de compañía. —Hola hermosa, señora. ¿Le gustaría qué trajera a mi hijo? —Me encantaría, me sentiría muy feliz. Elizabeth, no tenía tiempo de estudiar, durante los domingos día noche, ella estudiaba. Una mañana Elizabeth ordenaba la biblioteca, cada libro iba en su lugar, de pronto llegó Fiona la madre de Germán. — ¡Hola querida!, Me alegro de verte, te vengo a buscar debo, hacer algunas compras, necesito qué me acompañes. —Justo estaba Germán. — Hijo me llevo a Elizabeth, quiero hacer unas compras, me ha contado qué tiene un bebé bellísimo, lo quiero conocer. Germán cambió la cara se puso rojo, no se sabía si era de cólera o de felicidad. — ¡E

